martes, 24 de febrero de 2009

EL REGRESO DE LOS MADS


Por Gerardo Manuel

El 20 de diciembre de 1969, una de las bandas peruanas más entrañables en la historia del rock hizo su última presentación, despidiéndose para viajar a la lejana Inglaterra a buscar nuevos horizontes para su música, que ya había madurado lo suficiente como para intentar la conquista de otros horizontes. Fue un concierto para el recuerdo en el que tuve la suerte de participar como invitado, nada menos que como responsable del sonido de la banda. Es emocionante para mí recordar esa noche por la responsabilidad que significaba cuidar lo más importante de cualquier espectáculo; no olvidemos que cuando el sonido falla la gente generalmente dice “¡qué mal tocan!” y no “¡qué mal suena!”. Eran épocas diferentes, pues si bien es cierto Hermes Landa hacia sus pininos con los equipos de sonido Shure, que básicamente eran solo para voces, era muy difícil conseguir un sonido siquiera parecido a los que hoy en día se usan normalmente.
Estábamos hablando de un auditorio para cerca de 1.500 personas y Los Mads tenían que sonar mejor que nunca. Jamás olvidaremos la cooperación de varios de los grupos más importantes en aquel entonces, que generosamente cedieron lo mejor de su sonido para apoyar el evento. No vamos a mencionar nombres para no cometer el error de olvidar algunos. Finalmente se superaron las expectativas y, desde la primera canción, el sonido parecía milagroso. El público se paró a mitad de la primera canción y ya no se sentó hasta la triple repetición del final, casi dos horas después.
Esa noche mágica, Manolo Ventura le sacó chispas a las cuerdas de su guitarra Guya, imitación Rickenbaker. Alex (Tito) Ventura rasgaba frenéticamente su guitarra de modelo indefinido, pero modificada por él mismo, al igual que las primeras guitarras que usaron Los Mads a comienzos de su carrera. Con un bajo muy parecido al de Paul McCartney (hablo del Hofner clásico), también Guya, Billy Morgan parecía intentar empujar a la gente con sus notas sabiamente graves. A esto se unía la máquina de tocar que era Richard “Bimbo” Macedo con su impresionante batería.
Podemos decir que la formación de la banda en la noche de despedida fue la que consolidó definitivamente el nombre del cuarteto, sin olvidar a quienes pusieron las primeras piedras e iniciaron lo que para mucha gente fue un grupo de culto.
Luego del concierto de despedida, Los Mads realizaron su gran sueño gracias a que en una de sus presentaciones en el mítico club Galaxy fueron vistos por algunos integrantes de The Rolling Stones, quienes finalmente se los llevaron a Inglaterra para que sean el grupo de apertura de una serie de conciertos de la legendaria banda británica.
Al año de actuaciones en Inglaterra, Richard “Bimbo” Macedo se separa del grupo y es reemplazado por otro legendario músico peruano, “Manongo” Mujica, quien se encontraba trabajando en España. Tiempo después se disuelve definitivamente el grupo hasta la increíble reunión de octubre de 2008. Este reencuentro se produjo gracias al trabajo intenso de integrantes de varias promociones sesenteras del Colegio Americano Roosevelt de Lima, residentes en Estados Unidos, que se encargaron de la organización de este evento, significativamente realizado en una de las locaciones musicales más representativas en Estados Unidos. Nueva Orleans, la cuna del blues y caldero del rock, recibía en sus hectáreas de zonas en reconstrucción a cuatro peruanos que habían hecho del rock su música.
Por fin tendremos oportunidad ahora de pasar otra velada inolvidable con la banda que todas las generaciones quieren ver y escuchar. Ahora que nos están visitando grandes figuras del rock internacional, es un placer poder incluir entre esas visitas a un grupo nuestro, que por culpa del tiempo y la distancia nos había quedado debiendo una. No creo que pueda volver a estar yo en el sonido, pero sí lo haré entre el público con toda mi familia. No se pierdan este concierto de Los Mads, que estarán en escena el viernes 27 de febrero en el Sargento Pimienta de Barranco.

(Publicado en el blog Disco Club de El Comercio)

viernes, 9 de enero de 2009

LOS SAICOS - WILD TEEN PUNK FROM PERU



Salvajes, gritones y escandalosos son algunos de los adjetivos que se me vienen a la cabeza cuando pienso en Los Saicos, la primera banda de culto made in Perú.
Corría 1964 cuando los hermanos Roberto y Rolando Carpio, Edwin Flores, Pancho Guevara y Cesar Castrillon dieron vida a la agrupación que cambiaría para siempre la historia del rock peruano y por qué no, latinoamericano (y quizás hasta mundial).
El rock ´n roll había llegado hasta las tierras del sur algunos años antes,por medio de los primeros discos importados de Elvis, Chuck Berry y Little Richard. En Lima ya había bandas que tomaban este nuevo sonido y lo practicaban en público, imitando a los grupos angloparlantes.
Los Saicos no fueron los primeros en aparecer, pero fueron los primeros en desarrollar un sonido primitivo y ruidoso por estas latitudes, el que era acompañado de líricas agresivas yanarquistas que eran gritadas con violencia adolescente. Sin lugar a dudas dejaron una marca indeleble tanto para sus contemporáneos(las agrupaciones ya no imitaban a las bandas extranjeras, imitaban a Los Saicos) como para las generaciones venideras.
Bautizados originalmente como Los Sádicos, los problemas de censura los llevó a quitarle la “d” a la palabra, quedando algo fonéticamente similar a la voz inglesa Psychos
Su existencia fue corta, desde 1964a 1967, y sólo lanzaron seis singles bajo el sello independiente DisPerú, trabajo que posteriormente fue compilado bajo el título WildTeen Punk From Perú, un título que no puede estar mejor puesto, pues refleja en esencia que es lo que uno oirá al poner play. Poco más de media hora, repartida en doce canciones de dos minutos y medio de duración promedio, Poco mas de media hora de rock ‘n roll veloz, salvaje, al hueso y sin pelos en la lengua, agresivo y provocador, cargado de energía adolescente. En otras palabras ¡Puro Punk!
El salvajismo vocal de Edwin Flores se hace patente en temas como “El entierro de los Gatos”, “Come on” o la emblemática cuasi surf “Demolición” (¡Ta Ta Ta Ta Ta Ta Ta Ta Ya Ya Ya Ya, Echemos abajo la estación del tren!) “Besando a otra”, “Ana” o “Te Amo” son bellas canciones de amor muy al estilo de Buddy Holly, pero siempre con el sello primitivo de la agrupación, mientras que “Camisa de fuerza” se va más por el rock ‘n roll, así como en “Lonely Star” o “Intensamente”se puede detectar una dosis de psicodelia. Todo esto pasado por sonoridades Garage.
Comparables quizás a sus contemporáneos The Sonics, Los Saicos es una de esas bandas únicas, que parecen adelantadas a su tiempo. Y es que ellos pueden hacer que los Misfits parezcan un montón de niñitos en tontos trajes de día de brujas, cosa de escuchar los terroríficos aullidos en “Alcatraz” o “El Entierro de los gatos”.
Sus canciones fueron hechas hace cuarenta años atrás y aún suenan frescas, aun se siente toda esa energía peligrosa al oír cualquiera de sus composiciones y eso es algo que sólo las grandes bandas pueden hacer, esas que pasan a la inmortalidad. Los Saicos es una de ellas.

Vladimir Garay

¡ENTREVISTA CON ERWIN FLORES, LA VOZ DEMENCIAL DE LOS SAICOS!



Cuando Lince era un pequeño Liverpool:

Entrevista de Gonzalo Alcalde y Diego García

Con la inesperada entrevista de Sótano Beat a Rolando Carpio en el número anterior finalmente empezó a aclararse el misterio de Los Saicos. Si bien la magia primitiva de su música seguirá intacta, por fin entendimos verdaderamente algo del contexto y la escena en la cual fue creada esta música tan única en el mundo. Pero quedaba mucho por investigar y parecía que pasaría mucho tiempo hasta obtener el resto de la historia. Faltaban tres Saicos más y no abundaban las pistas, sólo rumores y más rumores. Ni el mismo Chino Carpio sabía qué había sido de Erwin Flores, la voz de los Saicos, cuyos gritos definieron a Demolición como el gran himno del rock peruano de los sesentas (y probablemente de todos los tiempos). Sólo se sabía con alguna certidumbre que se había ido a vivir a los Estados Unidos unos años después de que desaparecieron los Saicos. Así que, viviendo por ahora en ese mismo país, pensé que pondría mi granito de arena en esta búsqueda y empecé por guías de teléfono y búsquedas en Internet, con resultados muy modestos por decir lo menos.

Pero hacia fines del 2002, antes de que la búsqueda diera algún fruto, sucedió lo increíble: ¡llegó al correo electrónico de Manganzoides un mensaje de Erwin Flores! Erwin había encontrado en Internet algo sobre la versión de El entierro de los gatos y estaba interesado en obtener el CD. Debo admitir que por buen un tiempo el escepticismo pudo más que el entusiasmo, y fui tanteando, muy lentamente, a esta persona que, a veces, pensábamos ser algún bromista cruel. Es que era una coincidencia demasiado improbable. Finalmente, meses después, las dudas ya se habían aclarado totalmente. Incluso tuve el gusto de conversar con él por teléfono. No sólo eso: supimos que Erwin viajó a Lima por motivos de negocios a principios del 2003 y se reunió sopresivamente, por primera vez en más de 30 años, con los demás Saicos. Por supuesto, ya le habíamos propuesto una entrevista a esta leyenda del rock peruano que hoy en día viaja por todo el mundo por asuntos de negocios, y que tuvo la gentileza de dedicarnos mucho tiempo a responder estas preguntas.

Así que sin mayor preámbulo, le cedemos la palabra a Erwin Flores, para que nos cuente no sólo sobre los Saicos sino sobre la vida interesante que sigue viviendo. Le agradecemos mucho la sinceridad, inteligencia y humor al responder y contarnos tanto. Las preguntas son mías y de Diego García. (Gonzalo Alcalde)

Cuéntanos qué haces hoy en día.
Muchas lunas y varias encarnaciones han pasado desde Los Saicos. En el 71 vine a los Estados Unidos, a Washington DC. Canté en bares y restaurantes mientras estudiaba Física. Luego de graduarme trabajé en la NASA por 10 años. Era el trabajo más interesante del mundo trabajé en el transbordador espacial y otros pájaros. Lo disfrutaba tanto que pense que llegarían a cobrarme por trabajar ahí.

Sin embargo al final me salí porque quería buscar fortuna la cual aún me elude 12 años más tarde. Hoy en día soy ejecutivo de una empresa multinacional de productos farmacéuticos. Viajo montones por todo el mundo, pero lo único que realmente quiero es retirarme para tocar música 24 horas al día: la víbora se muerde la cola y la circunferencia finalmente se cierra.

Dos veces divorciado (la primera peruana, la segunda gringa), ahora vivo (aún en Washington) con mi novia, Mónica, una argentina super chévere a quien adoro. Ella es hincha del Boca y yo del River (he pasado mucho tiempo en Argentina en los últimos diez años). Yo fui del Municipal en una época. El fútbol me encanta. ¿Puedes creer que exista un equipo como el Real Madrid? Joder! Es tan incomprensible como la comida peruana.

¿Mantienes algún contacto con los demás ex Saicos?
¿Ex Saicos? Hum, nunca lo había pensado así. Creo que uno es Saico para siempre porque la experiencia fue demasiado intensa.

A Papi (Cesar Catrillón, cantante y bajista) lo veo todo el tiempo porque vive en Washington con su familia desde hace 20 años. Vende casas para vivir, pero él será Saico hasta dos o tres días después de muerto. Con Papi siempre tocamos música y cantamos en casa, con los amigos, y él continúa teniendo una voz bárbara. Antes solo nos acompañábamos con la guitarra, pero ahora tenemos un estudio con todos los hierros y conseguimos pistas de prácticamente toda clase de música. Papi canta canciones de Nino Bravo y yo de Dean Martin.

A Pancho Guevara (batería) y al Chino Rolando Carpio (primera) no los había visto, ni sabido nada de ellos, por más de treinta años. Pero la semana pasada estuve en el Perú y los busqué. Fue una reunión fuera de serie. El Chino es ingeniero y tiene una empresa de computación. Pancho está semi-retirado y tiene alguna plantación de arroz en el norte. Ambos, como yo, lo único que realmente desean es tocar música. Solo que ellos quieren tocar rock; Papi y yo andamos en la música melódica.

Lo más interesante de todo, sin embargo, es que existe un sentimiento entre los cuatro de seguir siendo, a pesar del tiempo y la distancia, los mejores amigos que (aparte de hijos y esposas) cada uno de nosotros tiene. Como dije antes, la experiencia de ser Saicos dura para siempre. Pero, hablando de ellos, ustedes entrevistaron al Chino. Recién vi la entrevista e, igual que los demás Saicos (excepto yo, por supuesto), recuerda todo mal. Esta entrevista va servir para poner las cosas en claro (¿está claro?).

¿Sabes algo sobre lo que ha ocurrido con el rock peruano desde los sesenta?
Después de irme no se que pasó en el Perú, punto. Ni rockero, ni político, ni nada. Para mi fue una sorpresa enterarme que el Municipal desapareció de la primera. Pero cuando salí del Perú habían algunos grupos bestiales como los Traffic Sound y los Mad que son dos que recuerdo bien. También los Steivos que tocaban en el Neptuno y rompían cada noche. En los Steivos cantaba Frank Pivet y tocaba la batería Mario Pastor, ambos formidables y ambos de Lince, que también era el barrio de los Saicos y de los Mad. Manolo Ventura, el primera de los Mad, Frank Pivet y todos los Saicos vivíamos a dos cuadras unos de otros desde antes de tocar música. En una época me gustaba pensar que Lince era un pequeño Liverpool, donde el rock era intrínseco e inseparable de nuestra naturaleza.

Los Shains erán amigos y tocaban rock real. El pata Ego Aguirre fue el primer peruano que acopló la guitarra contra el parlante del amplificador para hacer sonidos mágicos. Otro pata, el Troglodita, siempre fue rockero superloco a mi me gustaba escucharlo y verlo. Los Doltons también eran amigos, pero no tocaban rock lo de ellos, sin embargo, era más popular porque le hablaba a las audiencias generales.

¿Sabes que los Saicos se han convertido en un "grupo de culto" internacionalmente y lo bien considerados que son por conocedores del rock de los sesenta?
El otro día compré en España un LP con todas las canciones que los Saicos grabaron en los sesentas. Eso me llevó a mirar el Internet y me enteré de lo del culto. Lo encuentro sorprendente, pero cuando escucho nuestras grabaciones me doy cuenta que éramos reales y probablemente precursores de algo que vino después. Espero que no se enteren que la verdadera razón detrás de lo nuestro es que comíamos carne humana (cruda).

¿En que año y bajo que circunstancias arrancan los Saicos? ¿Cómo se juntaron?
Yo era amigo de Papi y Pancho desde 1960, cuando éramos de la pandilla rockanrolera Los Cometas, de Lince. Papi y Pancho eran músicos natos, yo no. La primera vez que vi a Papi (tirándonos la pera) él estaba sentado en el parque tocando un rondín. Me pareció bárbaro que alguién pudiera tocar música así, espontáneamente. Papi también tenía una voz que aún maravilla a quien la escucha. Pancho, por otro lado, le sacaba ritmo a cualquier objeto (carros, puertas) desde que nació. Cuando agarró una batería simplemente se destapó, pero ya había tocado bongó (a los trece años) con una banda profesional de música tropical en un night club. No ha cambiado el otro día me contaba que tiene el problema que cada vez que escucha música le hace ritmo con los dientes.

Yo era literalmente sordo. En el barrio, cuando querían decir que no podías ni silbar decían cantas peor que Erwin. En el 62 me fui a estudiar Agronomía al Brasil y aprendí a tocar algunos acordes en la guitarra. No podía creer que yo estuviera produciendo algo musical bastaba poner los dedos y rascar. Pero lo que me faltaba en melodía me sobraba en ritmo y resulté ser un natural para la segunda guitarra, aunque aún el otro día Pancho me decía que como músico yo siempre había sido un buen cocinero. Me tocó algunas de nuestras canciones y me señaló donde es que yo las cagaba.

Cuando volví al Perú en 1964 con una guitarra eléctrica en mi equipaje, compramos una batrería para Pancho y un bajo para Papi y comenzamos a tocar. El Chino, que en esa época guitarreaba sentado en los umbrales con Frank Pivet, se nos unió porque nosotros teníamos amplificadores. El era la pieza que faltaba porque tocaba primera guitarra y era creativo. El problema fue que Papi, que era el cantante, no podía cantar mientras aprendía a tocar el bajo, así que le ofrecimos el puesto a Ballón, un pata del barrio que cantaba con Los Belton (otro grupo de Lince). Ballón imitaba a Elvis y no le parecía cool cantar en Castellano, pero se decidió porque nosotros teníamos amplificadores.

Mientrastanto yo, que componía la parte melódica y las letras, gritaba las canciones para poder ensayarlas (el Chino, mi socio en las composiciones, hacía los arreglos melódicos). Esto, al fin, resultó determinante para el estilo de los Saicos. Resulta que mi hermano Harry era amigo de Vlady Artieda, un disk jockey de nueva ola bastante popular en Radio El Sol. Harry siempre fue nuestro mayor hincha y convenció a Vlady de que nosotros éramos fabulosos. Vlady, sin habernos escuchado, nos puso en el programa del festival de CACODISPE (ese horrible acrónimo significa Cadena de Comentaristas de Discos del Perú) donde la industria entera (radio, TV, discos) se reunía para premiar a los mejores artistas, productores, etc. del año.

Nosotros le dijimos a Harry que no estábamos listos puesto que Ballón aún no había ensayado con nosotros y el festival se venía en dos días. Harry me dijo tú gritas, y ahí mismo inventó a los Saicos. Tocamos Come On con el máximo volumen que dábamos (para aquellos tiempos nuestros amplificadores de 50 watts eran mounstrosos). Cuando terminamos la canción un silencio como de muerte se cirnió sobre la platéa; nadie movía un músculo y nosotros nos miramos pensando que habíamos hecho una cagada total. De pronto la audiencia se levantó en un rugido de aplausos y gritos. Aquella noche, en el teatro Tauro, nos dieron contratos para la TV y para grabar discos esa era la primera vez que tocábamos en publico. En el 65 nos dieron todos los premios (canción, grupo, etc.) en el mismo festival.

Pero ya antes del CACODISPE habíamos tocado una vez en el programa de Guido Monteverde en la tele. Su hermano, Humberto Monteverde, que era amigo de mi hermano Harry nos invitó.

Musicalmente, ¿Qué hubo antes? ¿Cómo te interesaste en la música, qué escuchabas de adolescente, a quién admirabas?
Cuando yó tenía 15 años, todos los muchachos de la tierra querían ser Elvis y todas las chicas del mundo amaban a Elvis. Recuerdo que mi enamorada hablaba con sus amigas, sin ningún embarazo y delante de los muchachos, algo así como: ¿qué harías si estás en el cuato piso y Elvis te dice ven aquí?; me tiro, contestaba la otra. Seguro que a las generaciones siguientes les será difícil entender la magia de Elvis, pero tanto musicalmente como en el escenario él creó algo que nadie había siquiera soñado antes.

Antes de Elvis, Bill Halley y sus Cometas me causó una impresión extraordinaria. Rock Around the Clock fue el primer rock que jamás escuché no puedo explicate la experiencia existencial. Algo similar me sucedió años después cuando entendí la Teoría de la Relatividad y descubrí que el tiempo no es uno sino muchos y diferentes.

Antes del rock, los boleros de Lucho Gatica, Antonio Prieto y Los Tres Diamantes, Dean Martin y La Flor de la Canela son las impresiones musicales más fuertes que recuerdo de mi niñez. Después de Elvis, la canción Little Darling (The Diamonds) me impactó; Paul Anka me cautivó. La bossa nova fue una innovación fenomenal que mezcló la samba con el jazz. La samba tradicional y las marchas de carnaval que aprendí en Brasil aún influencian mi música. Estoy seguro que habían otros, antes y después de Elvis, pero no los recuerdo. Los Teen Tops, con Alberto Guzmán, también fueron esenciales porque me enseñaron que se podía hacer rock en Castellano, lo cual me fue importante años después.

Hasta que llegaron los Beatles. Esto no requiere explicación no es explicable (si alguien se la encuentra, me pasa una nota por favor). También los Rolling Stones me influenciarion. La queridísima Diana García, una disk jockey de los sesentas, decía que mi estilo de rock venía de ellos; yo no lo creo (no se sabe que Mick Jagger haya comido carne humana). Por la época de formación de los Saicos habían varios otros grupos, mayormente ingleses y algunos americanos, que sonaban y que indudablemente me influenciaron, aunque no me fueron imprecindibles. Recuerdo a los Beach Boys y los Animals.

¿Se te ocurrió a ti lo de "los sádicos"? ¿El nombre jugaba con la palabra (importantísima en los sesenta) inglesa "psycho"?
Tal como lo dices, así fue: se me ocurrió a mi (estoy seguro que los muchachos del grupo no lo recuerdan así, pero ya les expliqué que ellos todo se lo acuerdan mal) y fue una combinación de sádicos y psychos que significa locos (también esto ellos lo recordarán mal). A muchos (especialmente a Guido Monteverde, un periodista artistico muy importante en los sesentas) no les gustaba el nombre porque pensaban que no significaba nada. Eso no me fastidiaba porque mi nombre, o Carlos, tampoco significan nada.

En esa época nadie quería cantar rock en Castellano. No se les puede culpar, porque no era concebible. La alternativa eran los Teen Tops, pero cuando el rock nacional se inició ya ellos habían desaparecido y el modelo era Inglés/Americano, y nadie más que nosotros creaba, todos tocaban covers. Nosotros tampoco escapamos totalmente a la influencia: la primera canción que grabamos fue Come On; pero yo presentí que lo nuestro era el Castellano y comencé a componer en Castellano. El nombre Los Saicos es la más clara expresión de la ambivalencia de aquellos tiempos.

¿De dónde sale esa bestialidad, esa energia de los Saicos, quién era el que influyó en este sonido que los emparenta con los grupos de garage norteamericano?
Es que éramos unas bestias. Lo interesante es que los cuatro teníamos el mismo sentido del cool y nunca hubo ni la menor disensión en cuanto a qué deberíamos tocar o no. También teníamos otro elemento: el atrevimiento de pararte en un escenario y cantar Demolición. Coño, mi enamorada se apartó súbitamente y varios amigos con quienes estudié en el colegio dejaron de hablarme pensarían que estaba loco o que era un imbécil.

Tu estilo vocal:¿imitabas a alguien?
No, ya te lo conté; yo no cantaba si no gritaba porque no podía hacer otra cosa. Aunque también es cierto que Come On y Demolición las compuse en ese estilo - Ballón nunca hubiera podido cantarlas, ni Papi tampoco. Si no fuera por las circunstancias que me obligaron a cantar quizás habríamos tocado otras canciones. En el programa de Monteverde tocamos un rock que yo había compuesto (del cual ya no me acuerdo) y aunque yo lo canté era otro estilo, no el ronco. Pero nunca imité a nadie.

Dentro de las influencias extramusicales posibles de los Saicos ¿tuvieron que ver algo las pandillas de motoristas de la Lima de los 50s y que parece que se extendieron hasta los 60s (Gato Pardos, Sokis de Lince, Bucaneros, etc.? Me refiero a la tematica de las canciones, a su actitud y apariencia como grupo.
Sin lugar a dudas. Pancho, Papi y yo éramos de los Cometas, de Lince. Luego los Cometas nos unimos con los Sokis y formamos una superpandilla de doscientos miembros. En esa época las pandillas se llamaban clubs de rocanroleros que existían en todos los barrios y que se encontraban genialmente (y pacíficamente) organizados por un disk-jockey chileno de Radio Victoria que se llamaba Sergio Vergara a quien todos respetábamos como un ser mítico. Me pregunto qué será de él; cuando nos hicimos populares Sergio ya había desaparecido. Comentar en la mentalidad y cultura de los rocanroleros de esos años tomaría un libro entero, pero si fue muy intenso y nuestra propia mentalidad estaba totalmente moldeada por esa cultura. Deberías hacer un artículo a cerca de eso.

¿O tuvieron que ver las películas,o las series de terror/humor de los comienzos de los 60: un paso al más allá, Dimensión Desconocida, los Monster, los Picapiedra?
Nada que ver. Esa es la pregunta más boluda que he escuchado.

La letra de Demolición, en particular, ha dado lugar a muchas especulaciones sobre el orígen de la actitud rebelde de Los Saicos. ¿Leías algo de literatura política, acaso de carácter anarquista o algo así, beatniks, literatura existencialista?
Tampoco nada que ver. Nosotros no solo éramos apolíticos si no directamente indiferentes. Probablemente la cultura beatnik se filtró en lo nuestro a través de la música Inglesa/Americana, aunque los beatniks eran de antes. Yo en esa época leía mucho, pero el existencialismo tanto entonces como ahora me pareció irrelevante, innecesario. Nunca pierdas tu tiempo leyendo a Camus escribe tonterías.

En general, la música con mensaje me aburre infinitamente. Y los poetas musicales también: Serrat y Alberto Cortés me ponen a llorar. Hoy leí la letra de Imagine, de Lennon como poeta Lennon es (felizmente) un buen músico.

¿Quién escribía las letras, quien hacía la música?
Yo. El Chino contribuía en darme algunas ideas y en arreglar las canciones. Mi sociedad autoral con él (E. Flores/R. Carpio) se debió a los Beatles: estábamos imitando el Lennon/McCartney. Pero me parece bien; nunca me fastidió esa sociedad.

¿Fue Humberto Monteverde quien los descubrió en el Negro Negro?¿Cómo era la relación con este bar, con esta bohemia del Negro Negro?
Hasta el otro día que leí la entrevista que ustedes le hicieron al Chino no entendía el origen de esta pregunta, pero les repito que el Chino se acuerda mal. Mi mamá era una bohemia real e iba al Negro Negro a menudo y nosotros tocamos ahí una sola vez, cuando ya éramos semifamosos; pero no creo que Humberto frecuentara ese ambiente. El Troglodita, que en esa época se llamaba Jean Paul (su nombre real es Enrique Tellerías), también cantó allí esa noche con Mario Pastor en la guitarra (él fue luego baterista de los Steivos), y allí fue que los conocimos a ambos. Como ya les conté, Humberto Monteverde nos llevó al programa de su hermano Guido en la televisión, pero él no nos inventó.

¿Qué inspiró Demolición? ¿Sabes que se ha convertido con los años en el tema más emblemático del rock peruano de los sesenta?
No me sorprende que se haya convertido en lo que tú digas; cuando lo escucho hasta yo me sorprendo. No tengo la más puta idea de qué lo inspiró.

¿Cómo fueron sus giras a provincias? ¿Hasta qué punto podemos hablar de una "Saicomanía" a nivel nacional alrededor de 1965, más o menos?
Demolición cruzó del rock al público en general. Los jóvenes de Lima y algunas otras ciudades costeñas nos entendían, para el resto éramos unos freaks (zafados). Pero si éramos inmensamente conocidos. No podíamos salir a la calle sin que la gente nos dijera cosas (positivas y negativas). Aún cuando estaba de luna de miel en Miami encontré muchos peruanos que me recibían a coro con el ta-ta-ta-ya-ya...

Pero hicimos pocas giras. Una de ellas, a Piura, es la que más recuerdo. Nos llevo un pata genial, Marino Lizul, que era dueño del club nocturno Astoria, en Miraflores. Acabamos tocando en los lugares más extraños, incluyendo un coliseé de huainos. Tocamos y tocamos, pero la única reacción del público fue un silencio total. Nosotros estábamos acostumbrados al griterío perpetuo, pero esos cholos lo tenían claro: estábamos locos y éramos un fraude. Luego, cuando salió al escenario El Jilguero del Huascarán comprendimos. El pata cantaba La Flor de Papa (¿la conoces?) y era el Elvis serrano. He visto muchos cantantes famosos en persona, pero solo dos o tres que se le puedan comparar en el escenario: Tom Jones, Goyoneche (que cantaba tangos, con el gran Troilo en el bandoneón), José Feliciano.

¿Es cierto que iban en un carro especial por las calles de Lima?
¿Quién te dijo esa huevada? ¿O será que se refieren al carro de mi mamá con el que corríamos carreras suicidas a La Herradura? Aún pienso en esas carreras como la cosa más estúpida que jamás he hecho pude haber matado mucha gente.

Las canciones, una por una, sobre todo "Alcatraz" (tema que consideramos "protosicodélico") y "Cementerio": ¿Puedes hablarnos sobre cada una? ¿Quién canta en cada una, quién hace coros, que instrumentos y amplificadores usaban, lugar de grabación, ingeniero que los grabó, etc.?
Me gustaría tener el tiempo (y la memoria) para analizar cada una de nuestras canciones. Cementerio la canta Papi y el coro en el disco lo hicieron Pancho y el Chino, aunque en vivo yo también metía mi cuchara. Siempre arrancábamos los conciertos con esa canción por varias razones: comienza con la Marcha Fúnebre, lo que establecía nuestra identidad macabra; era esencialmente una pieza melódica, como la calma que precede a la tormenta; todos cantábamos, con dos en la voz principal y dos en contra-alto, lo que sonaba como la san puta; la primera voz la hacía Papi, que si que cantaba; y, por último, esa canción la teníamos bien resuelta y era fácil de tocar. Sin embrago el relincho salvaje que se oye en la grabación nunca pudimos hacerlo en vivo porque en el disco lo hizo Chavo, un pata de la época de los Cometas que siguió al lado nuestro a través de nuestra existencia aunque no podía tocar nada.

Siempre me sorprendió, aunque nunca lo comenté, que Pancho no pudiera reproducir el relincho, porque él era el mejor músico y capaz de hacer casi cualquier cosa. El me hizo la segunda voz en Intensamente y si la escuchas bien verás lo sólido de esa grabación. En el Internet vi una encuesta internacional donde Intensamente fue elegida como el mejor rock en un lenguaje otro que Inglés. La razón es tanto la extraordinaria armonía de Pancho en la voz como el arreglo de la canción, de lo cual tanto el Chino como Pancho son mayormente responsables.

Otra cosa a cerca de Cementerio. Cuando la compuse, la letra era algo así como: caminado por el cielo, conocí a un primor, resultó que era un ángel.... Cuando volví a mis sentidos, le cambié la letra inmediatamente: en un cráneo roto la cerveza se sirvió... ¿en qué mierda estaría pensando?

¿Alcatraz? Cuando vine a los Estados Unidos me enteré (igual que todos después de la película) que Alcatraz es una isla prisión y por lo tanto la historia del escape que la canción relata (los perros siento ya muy cerca de mi) no puede ser real. Pero ¿a quién le importa la realidad cuando estás tocando rock-and-roll?

También en esa época grabamos El Entierro de los Gatos. Aunque yo la compuse, la guitarra del Chino le dio origen. El se apareció una tarde con esa guitarra maldita, a cerca de la cual he leído comentarios en el Internet, y la canción se me vino espontáneamente, de un golpe. Eso sucede muy rara vez. Los ruidos infernales de la grabación los hizo Pancho. Hablando de Pancho: en mi opinión, sin su batería los Saicos nunca hubieran sido.

Lástima que mis gritos pegaran tanto porque esto evitó que Papi cantara más canciones. Yo creo que él pudo haber cantado en la Scala y hubiera sido tan grande grande como Pavaroti, o si hubiera cantado canciones melódicas habría sido igual a Nino Bravo. El cantó Ana que antes me parecía una canción media tarada pero que hoy me encanta escuchar. Y Papi además tiene un sentido musical bárbaro. Cuando tuvo que tocar el bajo, simplemente lo tocó bien.

¿Cuántas canciones de los Saicos quedaron inéditas? ¿Estaban pensando en lanzar un LP cuando se disolvió el grupo?
No creo que se nos quedaran muchas canciones en el tintero porque todo lo que componíamos lo grabábamos de inmediato. Grabamos doce en poco más de un año. Cuando nos separamos ya no estábamos con DisPerú y acabábamos de grabar Intensamente/Besando a Otra para Virrey, pero ya sabíamos que estábamos acabados. Es una larga historia y no se si quiero contarla.

Esto también me trae a la mente la mala jugada que le hicimos a Pepe Carrasco. Cuando acabó nuestro contrato con DisPerú, Pepe, que era el director de promoción de IEMPSA, anunció nuestra contratación (la cual estaba acordada) en una conferencia de prensa. Pero nosotros acabamos firmando con Virrey. Pepe era mi amigo y me jodió mucho que los muchachos decidieran proceder así. Al final, firmar con Virrey fue desastroso porque no había nadie en esa disquera que se encargara de nosotros.

Más aún, el otro día el Chino me decía que no deberíamos haber salido de DisPerú, y tiene razón. Rebeca Llave, la gerente de Disperú, una mujer bella y extraordinaria, fue la primera que creyó en nosotros y nos grabó, y siempre nos trató como unas niñas bonitas y nos promocionó adecuadamente. Pero nosotros pensamos que una disquera grande nos serviría mejor qué boludos.

¿Es cierto que hubo una relacion muy estrecha de ustedes con el Troglodita? ¿Era algo así como el "quinto saico"?
El Troglo era amigo nuestro y yo fui testigo del nacimiento de su hijo. También tuvimos otros amigos en el ambiente. Yo personalmente fui muy amigo de Enzo Roldán. Los Golden Boys, que integraban los hermanos Larrañaga, también fueron muy amigos nuestros. Pepe Cipolla venía a mi casa en una época con Frank Pivet y otros patas del ambiente. ¿El Troglo, quinto saico? No.

Hemos oído de un personaje cercano a los Saicos llamado Héctor Gambarini, ¿lo recuerdas?
Héctor era disc-jockey de Radio Excelsior (creo) y era buen amigo nuestro. Otros disc-jockeys que eran buenos amigos fueron Vlady Artieda y Diana García, de Radio El Sol, a quienes ya he mencionado; Enrique Llamosas, de 1160; y el Cholo Galliani, de Radio Miraflores. Ellos tocaban nuestra música y nosotros visitábamos sus programas y hacíamos vida social de vez en cuando. Pablo de Madelengoitia y Fernando Casán, animador y director de Cancionísima en Panamericana Televisión respectivamente, fueron testigos de mi matrimonio.

¿Alguna vez grabaron un tema llamado Píntalo de Negro? ¿Era el mismo de los Rolling Stones?
¿De dónde te sacaste esto?

¿Por qué se separan Los Saicos? Hemos escuchado un rumor que dice que fue porque contrajiste matrimonio.
Si. Papi fue amante de mi mujer y yo comencé a salir con su novia ( con quien él después se casó y a quien yo a aún veo a escondidas en Washington). Mientras tanto, Pancho...(risas)

Los Saicos se disolvieron porque ya nuestra fama había menguado y no interesaba continuar. Una mañana en que salíamos de grabar toda la noche en la sala de Virrey, unas chicas que pasaban camino al colegio se nos acercaron. Nosotros pensamos que nos iban pedir autógrafos, que era la escena habitual, pero lo que hicieron fue gritarnos los Dolton son mejores. Demolición había causado un impacto popular, pero el Perú no estaba listo para el rock pesado en ese entonces nuestro público se limitaba a una fracción de desviantes que, como nosotros, estaban en otra dimensión. Como casi dijiste anteriormente, éramos protopunk.

Pero esa no fue la única razón. Nos habían ofrecido una gira a Argentina, lo que hubiera probablemente significado la fama internacional; pero el Chino, que ya era ingeniero, quería dedicarse a su profesión, y los demás éramos demasiado arrogantes, demasiado estrellas, y para entonces nos habíamos alienado mutuamente. Cuando los Beatles se disolvieron por problemas de estrellato y personalidad entre John y Paul, nosotros lo comprendimos perfectamente porque lo habíamos vivido tal cual. El otro día vi al grupo Police cuando fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock, en New York, y contaban que se separaron por la misma razón. Creo que es un problema muy común con las bandas. Pero, la verdad, me parece que en los Saicos el problema principal fue Pancho porque era demasiado pintón y todas las mujeres se le echaban, y además era el mejor músico de la banda. Y yo también soy un ególatra, sin siquiera ser ni pintón ni músico.

Descríbenos, con tanto detalle como te parezca conveniente, tu vida musical después de dejar Los Saicos.
Después de los Saicos hice un disco solo, con un sello pequeño en Lima. La canción se llamaba El Mercenario y las radios no quisieron tocarla porque era demasiado bestia: ...pelié en Kampala, maté a los negros, saquié sus ciudades, violé a sus mujeres, pero perdí un brazo.... Mejor que no la hayan tocado. Una vez la canté en un festival en los Estados Unidos, y un cura, que era el maestro de ceremonias, me paró en medio de la canción y me echó del escenario. Tampoco lo culpo.

En esa época (del disco) mi hermano Harry me llamó desde España y me dijo que me fuera allá, que iba a ser famoso. Pero yo estaba muy deprimido en cuanto al rock, pensando que no daba para más de lo que ya había dado en nuestra corta carrera en el Perú, y no fui. Felizmente no fui porque ahora comprendo que hubiera sido un gran hit, me hubiera superprofesionalizado y, una de dos, aún estaría cantando rock o hubiera muerto endrogado porque los españoles son extremos y la cultura bohemia me habría devorado.

Luego fui a dar a Argentina y un representante artístico me llevó a hacer una audición con el sello Music Hall, donde grababan Los Iracundos, Palito y Leo Dan. Les canté algunas de mis canciones y les gustó aunque ninguna era rock (en esa época me había dado por componer cosas como las de Charles Aznavour y Piero) y comenzamos a planear una grabación, pero el proyecto no progresó. Fue una suerte que no les enseñara Demolición porque ahí si que se hubieran enloquecido por grabarme y, lo mismo que España, aún estaría cantando rock o ya estaría muerto. Sabes, a los 20 años Mick Jagger decía que si a los 40 aún estubiese cantando rock se suicidaba ya tiene 60 y sigue.

En los Estados Unidos mi música realmente se desarrolló porque comencé a cantar en bares y restaurantes y me vi obligado de salir del onanismo musical de mi, mis propias canciones y yo mismo, porque tenía que cantar cosas que todos conocieran. Me hice de un repertorio que incluía Leonardo Favio, Roberto Carlos, Raphael, Javier Solís, Carlos Gardel, etc., etc., y también Beatles, Bobby Vinton y Rolling Stones, y los cantaba con mi guitarra e imitándolos, lo que realmente me enseño a cantar e introdujo nuevos y variados matices en mi cultura musical.

Después canté por más de un año con una banda de salsa en Washington. Aprendí mucho, pero creo que la salsa, aunque me gusta mucho, no es lo mio. Papi me miraba cantar y se cagaba de risa. Es que cantar salsa vaya y pase, pero sonear (esas improvisaciones que se hacen con los coros) es otra historia - para eso hay que haber nacido en un barrio de Nueva York o Puerto Rico, que es de donde los demás integrantes de la banda venían. Hasta hoy no entiendo porque me dejaban cantar con ellos.

Luego, por 15 años, no toque en otro lugar que en tertulias familiares, aunque nunca dejé de componer. En mi vida debo haber compuesto alrededor de docientas canciones en prácticamente todos los estilos y en tres idiomas (además del Inglés, hablo fluídamente el Portugués porque estudié Agronomía en Brasil).

Hasta que un día, harán ocho años, llegue a Colombia tierra de música caliente y ritmo sabroso. Para la cumbia si que soy un natural: compuse algunas y una disquera en Miami se interesó y acabé grabando un CD tropical en Colombia, con músicos extraordinarios (incluyendo algunos del Grupo Niche). El CD incluye cumbias, boleros tropicales, un merengue y (me cago) tres salsas, todas compuestas por mi. Después de grabar, la disquera se dio cuenta que estoy muy viejo para mercadearme y que no soy tan buen cantante como compositor, así que el CD quedó archivado. Pero a mi eso no me importa porque la experiencia fue formidable y aprendí tanta música que simplemente digerir todo ese conocimiento me puede llevar el resto de la vida. Además tengo el CD para pajearme escuchándolo. Creo que voy a ponerlo en el Internet, junto con las canciones de los Saicos, para que se las baje quien quiera.

Hoy en día mi vida musical es muy rica (tanto en riqueza como en que rico). Hace algunos años, un piano se apareció súbita e inexplicablemente en mi apartamento en Washington (un mes después me enteré que mis hermanos lo habían puesto ahí). Obviamente, no tuve más alternativa que tocarlo. En realidad no es tan difícil: tocas guitarra con la mano izquierda y cantas con la derecha. Ahora tengo un sintetizador con el que puedo hacer cualquier instrumento que se me ocurra y además en cámara lenta. También tengo todo un estudio para grabar profesionalmente lo que quiera, cuando quiera o más bien cuando pueda, porque viajo el mundo entero perpétuamente (esto lo estoy escribiendo en Tanzania). También tengo a Papi, para joder juntos con la música, y tenemos el Karaoke que nos da las pistas de practicamente cualquier canción que querramos cantar. Coño! si que nos divertimos.

Teniendo en cuenta la vigencia que mantiene su música entre tanto conocedores como aficionados comunes, ¿tendrías algún interés en reunir a Los Saicos, quizás para un concierto o varios, una grabación?
Se que a Pancho y al Chino les va a disgustar esto, pero la verdad es que, a pesar que sería bárbaro, no le veo ninguna posibilidad. Todos somos grandes y tenemos negocios que atender, y cualquier proyecto musical toma una clase de tiempo que no creo que ninguno de nosotros pueda invertir. Yo estoy armando un estudio más completo y cuando lo termine tengo la intención de invitarlos a tocar; pero, ¿cuánto tiempo piensas que podrían quedarse en Washington? Y un concierto tampoco es económicamente factible. Los Saicos ya fue. Sin embargo, si es que finalmente nos reunimos en Washington, es posible que hagamos algo aunque no se qué. Yo tengo un par de rocks inéditos que me gustaría probar - ¿qué cosas interesantes traerán ellos?.

Muchísimas gracias, Erwin. ¿Algo más que quieras agregar?
Me da gusto el poder decirles que hoy en día ya no robamos cadáveres si no que solamente nos comemos la carne humana de donantes (aún cruda - por supuesto).

02 sep 2006

LOS INVENTORES DEL PUNK



Por Damián Tabarovsky

Hace poco el pintor y periodista Carlos Subosky me hizo conocer una pequeña maravilla de la historia del rock: Los Saicos. Fundadores absolutos del rock en castellano, creada en Lima en 1964 y disuelta en 1966, en apenas dos años la banda se encargó de transformar la apática vida limeña en algo maravilloso, visceral y rebelde. Su tema más famoso es Demolición (en YouTube puede verse un video armado a partir de fotos de la época), cuya letra repite obsesivamente estas dos frases: “Echemos abajo la estación del tren” y “Demoler” (más algunas variaciones muy parecidas). Tan sólo en los acordes iniciales la primera frase se repite cinco veces, y la siguiente palabra tres. ¡Pero qué primeros acordes! Mezcla de rockabilly con surfer y algo de banda de garaje, de fondo se escuchan unos “ta ta ta ta” y un griterío que recuerda al mejor Screamin’ Jay Hawkins, el de I put a spell on you (Screamin’ saliendo de un ataúd, con unos cuernitos en la nariz, prendiendo su boquilla, antes de ponerse a gritar enloquecidamente. Sólo que en Los Saicos no hay ni calaveras ni escatología, sino pura vitalidad adolescente.)
En realidad, si hay algo que define a Los Saicos es que fueron punk diez años antes de que existiera el punk (y veinte antes de que llegara a Buenos Aires). La alegoría de demoler la estación del tren es tan obvia como en general son las alegorías punk: la gran estación de tren, en Lima, en Buenos Aires, en Nueva York o donde sea, encarna el poder imponente de la obra moderna, el cruce entre arquitectura y tecnología, entre circulación capitalista y masificación, entre control social y disolución de la identidad.
Pero precisamente la potencia de la alegoría reside en su literalidad. La literalidad es el gran fantasma idiota de la literatura, que no sabe qué hacer con ella: si se acerca demasiado, muere en el intento. Alejarse es la única solución, eso es evidente, pero la respuesta radica en el cómo (cómo alejarse de la literalidad: otra forma de llamar al estilo, a la sintaxis, a la respiración). Extraer las consecuencias radicales de la literalidad es quizá el único aporte valioso que hizo el punk a la historia de la cultura.
Pero ¿a qué viene todo esto? Bueno, me gustó un disco que escuché. Eso ya no es poca cosa. Pero debe haber más (además de mi total desconfianza ante la noción de gusto, incluido el mío propio). Es la idea de que Los Saicos fueron punk diez años antes de que existiera el punk. ¿Qué significa no pertenecer a una época? ¿Qué relación tiene el arte con su tiempo? Visto desde el presente es muy fácil construir una genealogía, inventarse una tradición (como hace Borges en Kafka y sus precursores). Pero las cosas no son así. Al contrario, la tradición queda en el futuro, se inventa hacia delante. No es que Los Saicos llegaron diez años antes, sino que los Sex Pistols llegaron diez años después. El arte, cuando es radical, siempre está solo: adelantado a su propia época, pero envejecido ante el futuro e incomprensible frente al pasado, la dimensión instituyente del arte es la soledad. El historicismo de textos como los de Borges induce a la equivocación de priorizar las líneas de continuidad antes que las de ruptura, el proceso antes que la singularidad, y la historia de la literatura antes que la literatura que se escribe contra la historia.
Unos años después de la aparición de Demolición, en Perú tomó el poder el general Velasco Alvarado, militar nacionalista levemente apoyado por las izquierdas, quien rápidamente prohibió el rock por considerarlo alienante. El tiempo pasó, y hace un par de años a Los Saicos los condecoraron o algo así, la municipalidad puso una placa con su nombre en una calle; esas cosas absurdas que hacen los intendentes con las calles y las placas. Tarde o temprano todo termina absorbido por el Estado, o convertido en un falso centro cultural en un shopping, como en el caso de Borges. Las cosas buenas siempre terminan mal.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Tarkus: Birth of Peruvian Heavy Metal


Tarkus

Por: Carlos Torres Rotondo

Cierto candente sábado a fines de abril de 1971 estalló el Heavy Metal en el Perú. El estadio de Chiclayo estaba abarrotado con más de 2000 personas que esperaban escuchar un concierto de Telegraph Avenue, el grupo peruano que el año anterior había editado su primer vinilo, un éxito de ventas que superó cualquier record en el rock nacional hasta ese entonces. Al caer la noche, luego de que tocaran algunos grupos sin mayor brillo, el presentador anunció al público la llegada de la banda estelar. La entrada de los músicos desconcertó a los espectadores que habían comprado el disco y que frecuentaban sus conciertos en Lima. Álex Nathanson continuaba en la primera voz pero ya no tocaba el bajo como solía hacer en Telegraph. Incluso su atuendo era diferente: vestía un poncho rojo y su pelo largo estaba peinado con raya al medio como el resto de sus compañeros, hecho que no se veía ni siquiera en Lima, ya que todos los hippies nacionales se peinaban con raya al costado. Detalle freakie: Álex cantaba sosteniendo un lamparín de kerosene, cual personaje de las 1001 noches en versión chola. Y del resto de la banda ni hablar. El más fanático podía reconocer a Walo Carrillo, también de Telegraph, sentado tras la batería aporreando los tambores, pero ahí acababan los parecidos. Los otros músicos eran unos completos desconocidos incluso para el público más informado de la capital. Se trataba de los argentinos Guillermo Van Lacke en el bajo y de Darío Gianella en la guitarra. Cuando empezaron a tocar, Chiclayo dejó la tierra y viajó a Marte. La música era un hardrock pesado y oscuro -blues blanco distorsionado e hiperamplificado, en otras palabras- que por la expresividad del vocalista y lo poético de las letras eran casi operísticos. Aunque la banda era una mezcla de Black Sabbath con Led Zeppelin, su sonido prefiguraba el de la british new wave of heavy metal de los 80. Además, había bastante teatro: el público se quedaba con la boca abierta cuando Nathanson caminando como un jorobado y con su lamparín de kerosene en la mano entonaba con su falsete de hembrita ese cuento digno de Salgari llamado "El Pirata"; porque los temas eran propios y en castellano, y las letras tan metafóricas y alucinantes que muchos lamentaban no tener un ácido bajo la lengua en aquellos momentos. Y Darío Gianella, con apenas 17 años, se revolcaba en el piso antes que Angus Young de AC/DC pero sin uniforme; ese fanático de Jimmy Page no lo necesitaba. Con su look era suficiente. Obviamente no eran Telegraph Avenue, pero usurpaban su nombre. Eran, damas y caballeros, Tarkus, el primer grupo metal peruano, junto a los más profesionales pero menos oscuros Pax, la mítica banda liderada por Pico Ego Aguirre, que será objeto de otro episodio de este puzzle de la contracultura clásica en el Perú.
La historia de Tarkus y el por qué del debut con nombre ajeno y usurpado se remonta apenas a pocos meses atrás. En el verano de 1970 Telegraph Avenue vivía su mayor momento de esplendor. Su primer LP logró una difusión inusitada hasta ese entonces, comparable solamente a la que habían tenido los Shain's pocos años atrás. Tenían programados conciertos todas las semanas en el Galaxy –club ubicado en lo que luego sería la Farmacia Deza, en la calle Conquistadores- y Walo, que también cumplía las labores de manager, contestaba llamadas de todo el país. Pero, como dijo Héctor Lavoe –sabio sabroso-, en esa gran frase sobre la impermanencia budista: "todo tiene su final, nada dura para siempre". Chachi Luján había empezado a frecuentar el mítico barrio de Mariátegui, en Jesús María, colándose en el garage de la familia Torres para primero ver los ensayos de Doctor Wheat, y luego juntarse y acompañarlos con la guitarra. Eso no fue muy bien visto por sus compañeros de Telegraph Avenue. En aquellos años de primeros ideales adolescentes donde aún se creía el mundo iba a cambiar al instante, el músico, al igual que el futbolista, debía ser fiel a su banda como a su camiseta. Sin embargo, las nuevas ideas que trajo Chachi fueron bastante fructíferas, aunque generaron resentimiento entre sus compañeros. Doctor Wheat era más técnico que Telegraph, dado que su base rítmica estaba integrada por el Oso Torres -padre de este narrador- en el bajo eléctrico de seis cuerdas y por el Osito Barreda en la batería con doble bombo. La ilusión de Chachi por la técnica de sus nuevos compinches generó aún más recelos en la banda, hasta que un infausto accidente generó el cisma inevitable.

Acompañado por la cantante Melissa Griffith, Walo se dirigió en su Volkswagen al Bowling de Miraflores, donde unos patas conocidos como Los Franceses vendían tronchos armados a diez soles cada uno, como solía hacerse en la época, lo que demuestra que los hippies de los setenta no fumaban tanto como los actuales consumidores de marihuana, que la compran suelta y en paquetes de diversos tamaños. Mientras Melissa se iba al chino de Porta por tabaco, Walo bajó y buscó a alguno de Los franceses. Los encontró, pero un minuto después la policía los encontró a ellos negociando una colombiana con una mayor concentración de THC que la piurana común y silvestre.
Cuando Melissa regresó, vio a Walo y al francés entrando al patrullero empujados por un tombo con pinta de asado. Al instante, desesperada, llamó a su papá, un general del ejército que en ese entonces era ministro de Velasco. No lo pudo convencer de que la ayude: hijita, estoy harto de que pares con esos pelucones, que se arreglen solos, carajo. Inmediatamente después Melissa telefoneó a Chachi, porque Telegraph iba a tener ensayo esa misma tarde. Apenas Chachi llegó al ensayo, dijo que con Walo iba a suceder lo mismo que con Jerry Lam Cam, un antiguo músico de la banda –ex Belkings, además- que por las mismas canábicas razones había permanecido bajo la sombra durante varios meses, haciendo mucho daño al grupo en todas sus presentaciones pactadas. Si Walo estaba en cana era porque lo habían agarrado con las manos en la masa, por lo que entonces nada se podría hacer, lo único que quedaba era buscar a otro baterista. Con la desaprobación de Álex Nathanson, llamaron al Osito Barreda en ese mismo instante. El Osito aceptó, y con esa decisión no solo desarmó Doctor Wheat, sino contribuyó a la primera separación de Telegraph. Cosas de músicos sobre las que este narrador debería correr un tupido velo si fuera un tipo decente. El hecho es que a Walo no le sucedió lo que a Jerry Lam, ya que salió de la cárcel a los 4 días gracias a la vara del General Griffiths, que empezó a odiarlo a él y a todos los hippies más que nunca. Cuando Walo fue a ensayar con Telegraph, el resto de los músicos lo vieron como un fantasma. Bo Ichikawa apoyó a Chachi, encandilado por la técnica del Osito. El voto de Nathanson no fue suficiente y Walo Carrillo fue separado de la banda que él mismo había fundado.
Woody Allen dice que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión, y en este caso es cierto. Solo a un pésimo guionista se le ocurriría una coincidencia tan inverosímil como ésta, pero el hecho es que se dio, y gracias a eso nació Tarkus. Meses atrás Walo se había empezado a escribir con Guillermo Van Lacke, un hippie argentino con ambiciones musicales y fanático de Spinetta que prometía ir a visitarlo tantas veces que Walo dejó de hacerle caso por florero, como en una exagerada versión del cuento de Pedro y el lobo. Luego de ser expulsado de la banda, Walo Carrillo regresó a su departamento en Pueblo Libre. Su padre le entregó una carta que acababa de llegar ese mismo día. Era de Van Lacke, y decía que estaba a punto de tomar el autobús Buenos Aires-Lima, y que lo acompañaba Darío Gianella, un chiquillo de 16 años a quien describía, con la típica capacidad para la hipérbole que poseen los argentinos, como un prodigio de la guitarra. Llegaron tres días después, llevando dos viejas maletas del tiempo de sus abuelos y una guitarra eléctrica. Vestían sandalias de cuero, jeans importados y polos psicodélicos pegados al cuerpo. Se peinaban con raya al medio y tenían chaquiras colgadas al cuello. Estos tipos realmente tienen imagen, pensó Walo.
Tuvo que hacer un acuerdo con su padre, un psiquiatra llamado Abel Carrillo que conocía el LSD 25 desde los tiempos fundacionales de Albert Hoffmann y que no le tenía miedo a la propaganda de Timothy Leary. Don Abel permitió la estancia de Van Lacke y Gianella en su departamento de Pueblo Libre. Es más, les consiguió una cama camarote. Walo empezó a dormir en el piso sobre un colchón. Con el paso del tiempo y con la amistad creciente decorarían el cuarto con cortinas árabes, colchones y velas de colores a la manera árabe. Cuando abrieron sus maletas, los argentinos sacaron los dos primeros discos de Black Sabbath y de Led Zeppelin. ¿Tenés tocadiscos? –le preguntaron a Walo, que se quedó alucinado al escuchar el material, convencido de que ésa era la música del futuro. La propuesta de formar una banda fue inmediata. Hicieron un primer jam session esa misma noche con guitarras acústicas y cajón. Tenían buena química. Al día siguiente los tres fueron a un estudio. Tarkus, la primera banda latinoamericana internacional de heavy metal, había nacido de la manera más espontánea posible.
Pese a la posterior adición de un vocalista, siempre manejaron la parte instrumental como un trío, a la manera de The Who, Cream, Cactus, Led Zeppelin o Black Sabbath. Desde el primer ensayo, Carrillo, Van Lacke y Gianella supieron que tenían química, esa extraña forma de telepatía que comparten los músicos inspirados. Gianella cantaba y, aunque no lo reconocía, no tenía muy buena voz. Las letras eran suyas, pero no se divertía cantando y tocando al mismo tiempo. Entonces Walo tuvo la idea de llamar a Álex Nathanson, el único de Telegraph Avenue que lo había apoyado. Nathanson aceptó al instante, provocando la separación de su banda. No sería un final definitivo: volverían a unirse tiempo después, en compañía de Germán Cabieses, poco después de separado Tarkus, un intermezzo lujoso. Álex Asumió un estilo vocal muy distinto al que había usado anteriormente. Adquirió un falsete muy parecido al de Robert Plant, pero aún más andrógino. El grupo estaba completo. El golpe de suerte definitivo se dio cuando el ingeniero Carlos Manuel Guerrero, el dueño de MAG se enteró de la separación de Telegraph. Llamó a Walo y éste le dijo que tenía un proyecto bastante avanzado con Álex y dos argentinos, y que no era algo puramente musical, sino que incluían una puesta en escena. El empresario se ilusionó con un grupo internacional, y le dijo a Walo que él era el que más le había hecho ganar plata gracias al primer disco de Telegraph y que los apoyaría en cualquier proyecto que hiciera. Le dio un lugar para ensayar y horas en el estudio, sin ni siquiera haber escuchado a la banda.
Durante dos meses vivieron la mágica y arriesgada rutina de la creación artística. Guillermo Van Lacke recién aprendía a tocar bajo, así que se levantaba de la cama camarote a las seis de la mañana e inmediatamente comenzaba con los ejercicios de digitación, memorizaba las canciones, les hacía arreglos, con las ganas superaba rápidamente sus limitaciones. A las 8 de la mañana Guillermo, Darío y Walo bajaban a tomar desayuno. Luego descendían al garage del edificio, montaban en el Volkswagen de Walo y se dirigían a la Avenida 2 de Mayo, donde MAG tenía su fábrica de discos y su estudio. Entraban por un corredor lleno de cajas y plásticos. Los obreros se los quedaban mirando y ellos no se detenían hasta llegar al depósito del fondo. Ahí enchufaban sus instrumentos y se ponían a componer y ensayar hasta las dos o tres de la tarde. Si tenían suerte, les cedían el estudio, y acompañados de Carlos Guerrero, de We All Together, en los controles de la cabina, grababan las canciones que habían ensayado en la mañana. Álex cantaba con un papel en la mano, leyendo las letras de las canciones -aún no se las había aprendido-, normalmente escritas por Darío, inspiradas en los descubrimientos de sus cada vez más frecuentes viajes en ácido.
Algunas tardes no tenían tanta suerte. El encargado del estudio: disculpen, hoy tienen hora Los Morochucos. O: mala suerte, muchachos, está grabando Oscar Avilés. Entonces se separaban y cada uno se iba por su lado a la deriva, en largos paseos por una ciudad que cambiaba cada vez más rápido. Walo y Van Lacke empezaron a parar juntos, salían en parejas con sus respectivas enamoradas. Nathanson se iba por su lado con la collera del barrio de Mariátegui, legendaria collera de patas en la que por su natural espíritu y espontaneidad sobresalían locos egregios como el Oso Torres, Coco "Diablo" Besciani, el esquinero Valladares, los hermanos Allison -introductores del boogaloo en Lima y tremendos malogrados-, la mancha del Alamo y otros profesionales del ritmo. Darío era muy callado y normalmente se encerraba en el cuarto, ponía sus discos, fumaba marihuana, o a veces tomaba ácidos y no salía hasta la noche, ya con algunas nuevas letras para canciones. Fue él quien le puso el nombre al grupo, sin ninguna inspiración en el disco homónimo de Emerson, Lake and Palmer. Tarkus es un espíritu que se encuentra en lo más profundo de nuestra alma y que nos protege cuando nos hallamos perdidos en algún viaje. Pese al encierro de Darío, la relación entre los cuatro iba cada vez mejor, hasta que se presentó la oportunidad de debutar.
La comisión de la promoción 71 del colegio Roosevelt organizó una fiesta en el colegio para recaudar fondos. Ignorando la pelea de los Telegraph, llamaron al mánager, es decir a Carrillo, para que tocaran. Sin titubear, éste dijo que ahí estarían. Llevó a Tarkus sin decir nada, y frente a un público compuesto en un 80% por gringos, los dejaron con la boca abierta. ¡En el Perú un grupo a lo Black Sabbath que toca temas propios y en castellano!
Entonces llegó el concierto en Chiclayo, y luego fueron a Trujillo, donde se presentaron nuevamente bajo nombre falso, y también dejaron huella. Tuvieron que regresar al instante al estudio. Acabaron de grabar los 8 temas que conforman su primer LP y empezaron de frente con más canciones, que podrían haber constituido un segundo disco, pero que o se perdieron o permanecen en poder de Carlos Guerrero junior, el ingeniero de sonido.

La grabación del disco se realizó entre el 3 de abril y el 16 de mayo de 1971. Los músicos tuvieron total libertad. Tanto así que el dueño de MAG solo escuchó el disco cuando ya se estaban prensando las primeras copias. Ocurrió una tarde, mientras Tarkus se encontraba en el estudio grabando las sesiones para el segundo álbum. A la mitad de una canción sintieron cierto desorden en la cabina de sonido. Dejaron de tocar y fueron a ver qué pasaba. Escucharon la voz estruendosa del ingeniero Carlos Manuel Guerrero: qué mierda es esta bulla. El director de MAG tenía el rostro completamente rojo, presa de un colerón apocalíptico. Y cuando entró Walo llegaron los insultos: oye tú, Carrillo, esto no suena como Telegraph Avenue, esto no lo va a escuchar ni san puta. Yo no invierto por ustedes si hacen este tipo de música.
Sin embargo, estaban atados por un contrato, por lo que el disco pudo salir a la venta, con una carátula completamente negra -como el Back in Black, de AC/DC o el disco homónimo de Metallica-, aunque sin ningún tipo de publicidad, difusión y en un número muy reducido de copias. Era demasiado, demasiado pronto y estaban en el lugar equivocado. Los muchachos no se desanimaron. Podían hacer circular su disco de manera independiente, todo dependía de los conciertos. El boca a boca ya había creado cierta expectación en la movida rockera limeña, aunque casi nadie los había escuchado. El debut oficial estuvo por eso organizado al milímetro. Sería en el cine El Pacífico, donde no se habían organizado muchas matinales, y que era la sala más importante de la época. La ciudad fue cubierta con afiches donde aparecía un hipopótamo de piedra aplastando los edificios de Lima, anunciando la presentación de Tarkus, la banda con el sonido más fuerte del rock nacional.
El grupo ensayaba todas las mañanas. En las tardes, cada uno se iba por su lado. Así, un día, mientras Walo atravesaba la Vía Expresa en su Volkswagen, se encontró bajo un puente con un hippie americano que tiraba dedo. Lo recogió y se pusieron a conversar mientras ponía un cartucho en el equipo de su auto. El desconocido respiraba paz por todos los poros de su cuerpo. Lo invitó a un departamento de San Isidro, donde estaba hospedado con sus amigos. Todos eran norteamericanos, tenían el refrigerador lleno de vegetales y el espíritu lleno de paz, al menos eso le pareció a Walo. Eran miembros de la famosa secta conocida como los Hijos de Dios. Al día siguiente se los presentó a los demás miembros de Tarkus. Darío empezó a frecuentarlos y continuó con su natural timidez frente a los demás músicos de la banda.
Tres días antes de la primera presentación oficial del grupo en el cine el Pacífico, el grupo tuvo su ensayo general. Antes de que comenzaran a tocar, Darío les dijo que tenía algo muy serio que decirles. Había encontrado a Jesucristo y debía retirarse de la banda y de ese estilo de vida. Se quitaba con los Hijos de Dios a Estados Unidos. No tocaría en el debut porque iba contra sus creencias. Ya no creía en esa música inspirada por la droga, no podía ir contra sus principios. La noticia les cayó a todos como un balde de agua fría, pero Darío permaneció inflexible. Y para colmo, Álex también se vio influido por esa onda espiritual. No había nada qué hacer. Estaban en un callejón sin salida… No lo sé, esto le va a llegar al pincho a todos los metaleros, pero toda esta historia me hace confirmar la intuición del gran Lester Bangs: Black Sabbath es el gran grupo católico de la historia del rock… No sé qué pensar, el maniqueísmo tendrá algo que ver…
Es un lugar común decir que el Perú es el país del casi, el campeón mundial del fútbol sin arco. En los casos de Tarkus, del frustrado concierto de los Mad`s en el festival de la isla de Wight, y en general, de toda la historia de la escena del rock peruano de los 60 y 70, eso se cumple a cabalidad. Una de las peores cosas que le puede suceder a una persona es dejar de existir y continuar viviendo, y eso le pasó a los rockeros de esa época, que brillaron unos años y luego pasaron al más absoluto olvido.
Obviamente, el día de su ensayo general Tarkus se separó. Nunca llegaron a debutar oficialmente. El primer LP fue un fracaso comercial. En realidad, comercialmente jamás existió. Y ese disco es quizás uno de los más valiosos objetos que quedaron de aquel tiempo en los 60 y 70 cuando la música incendió los barrios de Jesús María, Lince, Pueblo Libre y Magdalena y luego desapareció sin dejar memoria: ¡Black Sabbath, Spinetta, accidente, Darío cantando en el último surco de la obra, una aventura original del rock en el Perú, Pueblo Libre!... Eso es el único disco de Tarkus, esa obra que, como enseña esta historia, apenas representa un intermezzo entre los dos LPs de Telegraph Avenue.
Tarkus fue olvidado durante largos años. En 1983 se inició un nuevo ciclo en el rock peruano. Los chiquillos metaleros que empezaban a tocar y a escuchar bandas como los seminales Óxido creían ser los primeros. Pero hubo alguna gente que investigó. Una mañana de 1990, Walo recibió en su casa a unos metaleros que vestían con parches de Tarkus. Eran los Kranium, y venían a hacerle una entrevista y a declararle su admiración. Pocos años después se enteró de que Incarock había reeditado en Estados Unidos el disco del grupo. En Internet la banda era considerada de culto. En el 2002 Walo Carrillo – sin ninguna relación familiar con el ingenioso escritor de sex & gore a quien dedico esta narración, que por verdadera quizás no sea verosímil- me recibió en su casa y me contó esta historia real, que he intentando escribir centrándome únicamente en los hechos confirmados por otras fuentes. Fuentes a las que conocía de cerca. Y durante años no me había dado cuenta de su importancia.
Sin saberlo, años atrás, me había encontrado con Álex Nathanson. Cuando salí de la casa de Walo, después de que me contara su historia, pude atar cabos. Mi padre era el bajista de Doctor Wheat y su amistad con Álex permanecía incólume. Durante el tiempo en que lo frecuenté ignoraba que era uno de los fundadores del metal nacional.
Un verano que pasamos en Ancón, mi padre me propuso hacer un proyecto musical donde yo escribiría las letras. Al final hice solamente una, llamada "Primavera Negra", como claro e ingenuo homenaje y plagio creativo al espíritu del libro de Henry Miller. Mi padre llamó a Álex como vocalista y guitarrista. Ensayamos una sola vez en el auto de mi viejo, Álex con guitarra eléctrica y un mini amplificador. El bajo no estaba conectado. Poco después, Nathanson viajó a San Francisco a trabajar en algo ajeno a la música y no lo volví a ver nunca más, pese a que tengo su teléfono y a que volví a conversar con Germán Cabieses y Walo Carrillo desde España en vistas a una posible reedición de Telegraph Avenue en Europa. Aunque no la comparto y me parece súper quemada, respeto la espiritualidad que toda una tribu setentera asumió luego del incendio general, por eso me siento contento por Álex Nathanson luego de la conversación iluminadora que sostuve con Walo. Yo sólo creía que su única producción musical era un cassette con cánticos evangelistas que descubrí en casa de mi padre, en cuya carátula aparecía resplandeciente en compañía de su familia, sonriendo a la cámara con inocencia, como si el espíritu llamado Tarkus, a su manera, los hubiera ayudado en su largo viaje.

(Este artículo apareció en el blog "Zona de noticias")

El Polen: Krautrock telúrico



Por: Carlos Torres Rotondo

Comencé a reconstruir este puzzle sobre la contracultura clásica en el Perú cierto nublado lunes del otoño de 2001 cuando el Mix –mi dealer- me trajo, junto al habitual paco de moño rojo, un cassette recopilatorio con bandas rockeras peruanas de los 60 y 70. Quedé tan alucinado que inmediatamente quise contar la historia y, como casi no existe bibliografía, empecé a coleccionar material sonoro, a buscar en hemerotecas las páginas amarillentas de espectáculos de los periódicos antiguos, a frecuentar los ensayos y los jam sessions de gente de la época, a escarbar los recuerdos de mi padre –uno de los ignorados héroes de esta historia, considerado por muchos como el mejor bajista de la escena- y sobretodo a conversar con los músicos, a sacarles información con cucharita, a interrogarlos como si fuera un detective privado trabajando en un caso donde todos eran culpables e inocentes en la misma medida. En un principio me acompañó en mis visitas el poeta José Carlos Yrigoyen, que luego desertó de la investigación para dedicarse en exclusiva a sus fecundos proyectos literarios y amorosos, que quizás sean lo mismo. Un año después vine a vivir a España y conocí a Paul Hurtado de Mendoza, productor responsable de todas las reediciones de bandas rockeras peruanas de los 60 y 70 en la península. Nuestras largas conversaciones me enseñaron a escuchar música y nuestras labores en arqueología discográfica disiparon gran parte de mis dudas e hicieron surgir nuevas preguntas. Cuando las papas quemaron en Madrid, debido a sucesos que nada tienen que ver con esta historia, acepté la invitación de mi amigo el periodista Ricardo Iván Paredes y me fui vivir una temporada en su piso de Barcelona. Ricardo Iván había sido en los 80 baterista del grupo Sociedad de Mierda, que tuvo un efímero hit subterráneo con la canción "Púdrete Pituco". Además había sido encargado de prensa de El Polen y me dio el teléfono de Juan Luis Pereyra, líder, arreglista, compositor y primera guitarra de la banda. Cierta noche de lluvia en Catalunya lo llamé por teléfono con la idea de concertar una entrevista. Nuestra primera conversación duró más de tres horas. Juan Luis se sometió gentilmente a mi interrogatorio y con la mejor de las químicas me contó este relato verdadero repleto de drogas enteogénicas, comunas hippies, cárceles mentales y materiales, leyendas urbanas aclaradas, espiritualidad, la mejor música de fusión y viajes por el mundo que resumen gran parte de los alcances culturales a los que llegó su generación.
Los hermanos Raúl y Juan Luis Pereyra fueron miembros fundadores de Los Shain's apenas llegaron a la pubertad. Existen fotos en las que aparecen, hechos todavía unos bebes, tocando guitarras eléctricas más grandes que ellos en el programa "Lo mejor de la semana", del antiguo y desaparecido canal 9. Antes de grabar el primer LP los hermanos Pereyra salieron de la banda y fundaron Los Drag's, junto a Julio Chávez Cabello, Jean Pierre Magnet y otros músicos. En ese entonces hacían un rock garagero sin pizca de fusión, exceptuando un tema que cierta vez tocaron en vivo y jamás grabaron. El grupo se separó a fines de 1966. Durante los tres años siguientes los hermanos terminaron el colegio. Raúl ingresó a la universidad y formó el grupo Los Sunset's, en el que también colaboró Jean Pierre Magnet. Juan Luis postuló sin éxito a la carrera de arquitectura en la universidad Ricardo Palma y estuvo alejado de la música hasta 1969. Regresaría convertido en uno de los músicos más finos y creativos de su generación.



En el verano de 1969 Juan Luis empezó a frecuentar un pequeño parque de tres metros cuadrados en la bajada Balta, frente al club de tenis "Las Terrazas", a pocos metros del Océano Pacífico. Iba a fumar tronchos y a tocar la guitarra, en busca de paz. Privadamente, bautizó al parque con el nombre de El Polen. En aquel entonces escuchaba grupos de rock caletas –para los melómanos de la época- como The Incredible String Band, It´s a Beautiful Day y T-Rex, pero también música criolla y son cubano. Una mañana soleada salió de su casa rumbo a su refugio. Esta vez no sólo cargaba su guitarra y los tronchos. En su bolsa incaica también llevaba un ácido lisérgico de la mejor calidad.
Al llegar a la bajada Balta compró donde el chino una botella de jugo de naranja donde disolvió el ácido. Llegó a su parque y arrullado por el oleaje del mar y su guitarra –que parecía tocar sola- comenzó su primera revelación. Se dio cuenta de que todos los sonidos fluían y eran uno. Sus tres años de silencio musical iban desapareciendo. El entorno se fundió con él y lo inundó con una extraña lucidez caleidoscópica… Luego de algunas horas de viaje inició el regreso y se encerró en su casa para componer. No saldría hasta algunas semanas más tarde. Como un torrente, la música había regresado.
El sonido que surgió era muy distinto al rock que practicaba años antes con Los Shain's y con Los Drag's. Tenía mucha más influencia hippie y bebía de ritmos autóctonos, creando uno de los más serios proyectos de fusión en el continente; casi podríamos estar hablando del principio del rock latino que por diversas vías estalló comercialmente en los 90. Sin embargo, Los temas no tenían estructura de canción, como sucede con el Krautrock alemán –que no sé si Juan Luis ha escuchado-. Bandas germanas de Krautrock como Faust, Ash Ra Tempel, Neu o Amon Düül II eran a la vez folk, psicodelia, free rock, y tenían influencias de compositores de vanguardia como Schonberg, Xenakis, Varese, Cage y, sobre todo, Karlheinz Stockhausen. Juan Luis escuchaba los violines como guitarras con fuzztone. Y logró plasmar ese sonido soñado. Por ese entonces, en búsqueda de la autenticidad y de sus raíces (una de las grandes obsesiones de su generación) empezó a escuchar folklore andino. Al poco tiempo su hermano Raúl y otros amigos se unieron a los ensayos en su casa de Miraflores. Recordando el parque donde tuvo su primera revelación musical, Juan Luis bautizó el grupo con el nombre "El Polen". Inicialmente, además de los hermanos Pereyra en las guitarras y voces principales, la banda estuvo conformada por Fernando Silva y Ernesto Pinto. Luego se incorporó Beto Martínez y algo después Alex Abad (ex New Juggler Sound y Laghonia) en el bajo y la mandolina. Durante algún tiempo éste último fue reemplazado por Carlos "El Oso" Torres, es decir, mi viejo.
Debutaron a principios de 1970 en el Pub Zanzíbar –quizás el primero de su estilo en Lima-, situado entre las calles Colón y 28 de julio, en el distrito de Miraflores. El público habitual eran básicamente hippies, intelectuales, artistas y extranjeros de paso por Lima. Pronto, El Polen se convirtió en la banda de la casa. Empezaron entonces a conocer a gente enrollada, comprometiéndose aún más en una opción de vida romántica, personal y fuera del sistema. En otras palabras, eran hippies de verdad, la primera tribu urbana nacida de la tradición contracultural que realmente llevó a varios individuos a romper con el sistema. Eran un fenómeno sociológico con un sustrato cultural fuertísimo, no sólo grupos de intelectuales díscolos como los románticos ingleses, los dadaístas, o los beatniks, o bandas de adolescentes descarriados sin un discurso mayor –lo suyo eran las actitudes- como los mods o los rockers.
En julio de 1970 no sólo Juan Luis Pereyra, sino la banda entera, con muy poco dinero en los bolsillos, hizo su primer viaje a Cuzco, a tiempo para llegar a las celebraciones del Inti Raymy. Meses atrás Dennis Hopper y su equipo de cineastas gringos habían depredado la comunidad de Chinchero. Se recuerda particularmente una borrachera nocturna del director en la que destruyó un ídolo tradicional. Los músicos de El Polen alquilaron habitaciones y se pusieron a vivir en comunidad. Viajaron por zonas milenarias con ruinas incas fundidas en el paisaje como Machu Picchu, el Urubamba, Písac, y el Valle Sagrado. La ciudad de Cuzco tenía un buen ambiente, centro magnético que atraía hippies y viajeros de todo el mundo, era verdaderamente una zona alternativa para tanta gente que viajó por el mundo en aquella época, buscando la revelación, vagabundos del drama sumergidos en el camino. Compraron quenas e instrumentos tradicionales andinos y se presentaron en bares y auditorios. En total estuvieron tres meses y maduraron su repertorio.

De regreso a Lima alquilaron una casa en las afueras de la ciudad y se fueron a vivir en comunidad, lo que en realidad simplemente quiere decir vivir en piso compartido con buena onda y rodeado de gente que participa en un proyecto creativo común. Al poco tiempo, la banda se mudó a una casa bajo el Puente de Los Suspiros, en Barranco, que se convirtió en un centro de reunión de gente interesada en la música. La comunidad fue un laboratorio de experimentación sonora. Una de las personas que paraba por ahí era la cantante Susana Baca, que ya en los años 90 se convirtió en la cantante peruana más conocida internacionalmente, gracias al espaldarazo que le dio el ex Talking Head David Byrne al incluirla en su compilatorio The Soul of Black Peru, para su casa discográfica Luaka Bop.
A fines de 1970 la banda tuvo su primera actuación importante en la Universidad de Lima –apenas fundada poco tiempo atrás-, con un cartel que reunió a lo más graneado de la escena peruana. El Polen fue la sensación. Nadie había llevado antes tan lejos el concepto de rock y fusión andina. Uno de los espectadores se convirtió en un fanático suyo. Peter Koechlin no era sólo un oyente más, era un empresario que estaba a punto de traer a Santana al Perú. Ese mismo día les pidió que actuaran como teloneros en el concierto que la banda de San Francisco iba a dar en el estadio de la universidad de San Marcos. Inmediatamente aceptaron, pero la siguiente semana los esperaba un serio inconveniente.
La versión de Juan Luis es que una amiga colombiana les había enviado por correo como regalo un libro que camuflaba un alijo de marihuana. Alguien en la comunidad de Barranco aceptó el obsequio e inmediatamente les cayó encima la policía. En realidad, yo imagino, en la Lima provinciana y bajo una dictadura de 1970, a la tombería yendo a registrar una casa en Barranco donde vivía un grupo de melenudos y barbones jesucristos que se vestían como sucios incas en blue jean en vez del habitual terno o simple pantalón de tela y camisa o guayabera –es decir, la vestimenta de la gente normal aquellos días-, dadas las continuas quejas de los vecinos debido a la música a alto volumen y a las fiestas de amanecida que perturbaban la tranquilidad del barrio. Y veo a la policía encontrándolos a todos con los ojos rojos y un comportamiento errático aunque conciliador y pacifista. Al fin y al cabo, eran la única comunidad hippie de Lima, o los únicos que decían a voz en cuello que lo eran y que hicieron algo, lo cual es más que suficiente. Poco antes del concierto de Santana el grupo entero estaba en la cárcel. Ante su insistencia y preocupación de quemados, los tombos les prometieron que saldrían a tiempo para tocar, es decir to play, jugar. Peter Koechlin los fue a visitar a su celda y les preguntó si necesitaban que Carlos Santana les trajera algo para el concierto. Pidieron dos guitarras eléctricas.
Salieron de la cárcel dos semanas antes del recital e inmediatamente se encerraron entre cuatro paredes en su casa comunitaria de Barranco para ensayar desde que se levantaban hasta que se dormían. No vieron a Santana y su banda cuando llegaron al Perú y la noticia de su expulsión les llegó cuando ya estaba consumada. Peter Koechlin, deprimido, les dijo que se quedaran con las guitarras Martin y Gibson que Carlos Santana les había traído como regalo. Los hermanos Pereyra todavía las conservan.
Sin embargo, al poco tiempo surgió una oportunidad que no desperdiciaron. Nilo, el hermano mayor de Juan Luis y Raúl, trabajaba habitualmente en rodajes de cine. El director argentino Bernardo Batievski estaba filmando la película "El Cholo", inspirada en la vida del futbolista Hugo Sotil y protagonizada por él mismo.
De los deportistas que han nacido en el Perú, quizás Hugo Sotil haya sido uno de los más geniales, hedonistas, generosos y autodestructivos. Para la final de la Copa América contra Colombia Sotil apareció gordo, luego de algunos años deslumbrando en el Barça y emborrachándose en España. Antes del entrenamiento regaló relojes de oro a todos los jugadores. Y en el partido marcó el único gol contra el rival. Su juego intuitivo podría ser contrastado con el racionalismo de otro crack de la época: "El Nene" Teófilo Cubillas.
En el filme del 72 Sotil actúa –pésimamente, por cierto, como el resto de la película, con la obvia excepción de la música- haciendo el papel de él mismo. Supuestamente es un cholo sensible y empeñoso, pintor y futbolista. Los cuadros que aparecen en la película, sin embargo, son obra de Mílner Cajahuaringa. Hugo Sotil aparece jugando en el Municipal, viajando a Europa (pretexto para insertar algunas imágenes turísticas) y teniendo un romance en el viejo continente. Bernardo Batievski, el director de la película, le dijo a Nilo Pereyra que no tenía banda sonora para el filme, y le pidió que le recomendara algún grupo. Obviamente, Nilo le mencionó a El Polen. La banda entera hizo una audición frente a Bernardo Batievski, que inmediatamente les hizo un contrato. No les pidió ningún tema nuevo, sólo una versión del tema tradicional "Cholito pantalón blanco". El resto de la banda sonora de la película está constituido por el repertorio habitual del grupo hasta ese momento.
Durante una semana la banda se encerró en los estudios de la casa discográfica El Virrey, ubicada en Paseo de la República, bajo las órdenes del ingeniero Gerd Nickau, que con ese mismo material ganó un premio en Alemania a la mejor grabación en cuatro canales.
El Polen no dio ninguna actuación especial promocionando la película, pero posó para una sesión fotográfica junto al Cholo Sotil. Las fotos fueron publicadas en los periódicos. Todos aparecen frente a la casa comunitaria bajo el Puente de los Suspiros. El disco fue un éxito, y la canción Valicha se convirtió en número uno en las radios. En el caso particular de Radio Miraflores, por ejemplo, llegó a superar una canción de The Doobie Brothers en el hit de la semana.
Se produjo entonces un cambio importante en la banda. Entró Freddy "Puro" Fuentes a la batería. Exceptuando el primer LP, donde Alex Abad y otros músicos hicieron arreglos maravillosos con la percusión, el Polen solía usar en algunas de sus presentaciones a percusionistas amateurs, normalmente lanzados de la comuna que se mandaban a tocar en vivo, y que como eran muchos, disimulaban su madera de principiantes haciendo bastante ruido. Mi viejo me contó que cuando hizo unos reemplazos en la banda, se quejó ante Juan Luis porque los 10 congueros (por decir un número) tocaban en tiempos distintos, confundiéndolo, y él debía seguirlos a ellos y no a la guitarra, dado que el bajo es parte de la base rítmica. Quitándose el pelo de la cara, y mirándolo fijamente con sus pupilas dilatas, el chato Juan Luis le dijo, Oso, lo siento, pero son miembros de la comunidad, no los puedo chotear. Por aquellos días la comunidad entera se mudó a una casona en la calle San Martín, en Barranco.
Con esta formación fueron invitados al Festival de la Canción de Agua Dulce, organizado por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Participaban además Alfredo Zitarroza, Los Compadres, Raúl Vázquez y otros músicos internacionales consagrados. El Polen concursaba en la categoría de canción y eran los favoritos. Sin embargo, días antes les habían advertido que cambiarán la letra de su tema en competencia, porque era muy crítico al gobierno. No lo hicieron. Fueron ovacionados pero perdieron. Al día siguiente el diario Expreso los declaró vencedores morales.
Miguel Lorente, un hippie chileno que vivía en la comunidad era amigo del grupo Los Jaivas (antes llamados High Bass, debido a la diversa estatura de sus miembros). Los contactó y les llevó a los músicos chilenos el disco "El Cholo". En América Latina sólo tres bandas: los argentinos Arco Iris, -con Gustavo Santaolalla, el más importante productor de rock latino en los años 90-, Los Jaivas y El Polen hacían una fusión tan avanzada. Es más, podría decirse que "El Volantín" de los Jaivas y "El Cholo" son los primeros discos de acid folk de América Latina. Eran bandas hermanas y al ver Los Jaivas que El Polen tenía su mismo concepto, los invitaron a tocar a su país.
Chile vivía entonces una explosión contracultural. El gobierno de Salvador Allende había esperanzado a varios sectores sociales y la vida en comunidad –los más precarios vivían en campamentos- era algo muy difundido a lo largo del país. En verano de 1972 todos los músicos de El Polen tomaron un autobús hasta Tacna, pasaron la frontera (un kilómetro de desierto llamado "La línea de la concordia") y en Arica tomaron un avión hasta Santiago de Chile, pagado por Los Jaivas, que vivían en la capital haciendo vida en comunidad. Sus colegas músicos los hospedaron en sus casas. Los de El Polen conocieron también a miembros del grupo Los Blops, banda chilena que merecería una novela entera debido no sólo a su música sino a su estilo de vida, muy similar a la que en estos momentos narro, callando varios aspectos que posteriormente contaré en otros proyectos literarios.
El Polen tocó en la universidad Católica de Chile, en el coliseo Caupolicán, en el teatro Providencia y en la peña de la familia Parra. Su concierto más grande fue en la Quinta Vergara en Viña del Mar, junto a Los Jaivas. Se movilizaron para el concierto hippies de todos lados de Chile y el auditorio se llenó del denso humo de la marihuana, buenas vibraciones y el mejor sonido de fusión, al contrario que en lamentables épocas posteriores, llenas de música seudo latina y seudo todo producida en México por Televisa o por los Estefan en Miami. Existe un video del festival.
Al finalizar el verano –Juan Luis siempre me situaba cronológicamente a partir de la estación estival-, El Polen regresó al Perú. Observando el desierto de Atacama desde la ventanilla del autobús recordaban los meses pasados en olor a multitudes y se preparaban para grabar un nuevo repertorio. La cabeza del chato Juan Luis Pereyra hervía con alucinantes ideas musicales mientras contemplaba la infinitud de las arenas y el litoral desértico interrumpido por valles una y otra vez…
Tenían contrato con la casa discográfica El Virrey y se encerraron durante una semana en sus estudios, situados en el Paseo de la República, la primera autopista que comunicaba la gran jungla de asfalto en la que se estaba convirtiendo Lima. El resultado fue su segundo LP, llamado "Fuera de la ciudad", que salió a la venta tiempo después y contiene sus éxitos "Hijos del sol" y "La cueva". Para mí, es su obra maestra, los más delicados arreglos hacen que los temas se vuelvan esa otra cosa en la que uno se transfigura cuando está en el otro lado. Los Jaivas hacían canciones, El Polen hacía sonido.
A mediados de 1973 Susana Baca fue invitada al festival de Berlín, y les pasó la voz para que la acompañaran. Junto a la cantante y al grupo de teatro La Tarumba se embarcaron, cruzaron el Canal de Panamá y llegaron hasta Cuba, donde tomaron un avión hacia Berlín.
En la capital alemana dieron un par de conciertos pequeños. Para permanecer en Europa necesitaban la invitación de algún amigo. Le pidieron al húngaro-peruano Peter Kun que les hiciera la carta. Gracias a él, cuando Susana Baca y La Tarumba iban a tomar el avión de regreso, pudieron quedarse, aunque inmediatamente debieron viajar a Hungría. Ahí dieron varios conciertos, incluido uno en un barco para turistas en pleno río Danubio. Luego de su breve estancia húngara viajaron a Austria, donde asistieron a un concierto de los Rolling Stones, durante la gira del Goats Head Soup, el 1 o el 23 de septiembre de 1973, si consultamos el libro Rolling with the Stones, de Bill Wyman, bajista de la banda y documento con la memorabilia más completa y detallada del grupo.
En París fueron alojados por el pintor Pablo Quintanilla, que les hizo un sitio en su taller. Dieron recitales en municipalidades y en diversos locales. Conocieron poco a la bohemia peruano-parisina de la época –Alfredo Bryce Echenique, los hermanos Rosas, Julio Ramón Ribeyro, Manuel Gutiérrez-Sousa, Armando Rojas, Elqui Burgos, Manuel Scorza y otros que entraron y salieron a lo largo de los años- porque, como suele suceder con la peruchada, no había una red común donde todos se cayeran bien. Obviamente, ellos estaban de lado del cholo Quintanilla en las pequeñas rencillas. Sin embargo, cenaron una vez con Georgette, la viuda del poeta César Vallejo. También tuvieron una presentación en Dinamarca durante la inauguración de una muestra individual de Pablo Quintanilla.
Luego de pasar cuatro meses viviendo en París, regresaron a Perú en el verano de 1974. Siguieron tocando durante una temporada, pero el ambiente había cambiado mucho. La mayoría de los músicos de su generación habían quemado, viajado, cambiado de estilo o se estaban dedicando a otros trabajos. El Polen era prácticamente uno de los pocos sobrevivientes y sus integrantes sufrieron una mezcla de desidia y vanidad, como sucedió en general con los músicos de rock aquel año, cuando la contracultura clásica dio su último suspiro y expiró definitivamente. A mediados de 1975 Juan Luis Pereyra decidió abandonar la banda, que se separó casi inmediatamente. Juan Luis se fue a hacer vida comunitaria a Santa Eulalia. Años después regresó a Europa a recorrer el viejo continente en una casa rodante junto a su familia. Por su parte, Beto viajó a Chile y a Brasil, y Raúl Pereyra se atrincheró en el grupo Sudamérica.
Pero, como siempre, no todo había terminado. En 1996 el grupo se reunió y al poco tiempo grabó un tercer disco, muy bueno por cierto, pero con un sonido distinto al de sus dos primeros LPs. Aunque la banda no se ha separado oficialmente en el momento de escribir estas líneas se encuentra invernando. Como todos los grupos de esta historia escondida, El Polen tuvo mala suerte. Sin embargo, lograron grabar, con lo que su magia puede volver a estar presente para los melómanos actuales. En cuanto al chato Juan Luis Pereyra, sé que esta noche traza el mapa definitivo de las estrellas desde cualquier lugar del universo, empezando por Miraflores, pasando por Santa Eulalia y avistando tierra en cualquier lugar de la galaxia, siempre haciendo buena música. Un abrazo fraterno y entrañable, con mucho afecto, maestro.

(Este artículo apareció en el blog "Zona de noticias")