sábado, 6 de septiembre de 2008

El Polen: Krautrock telúrico



Por: Carlos Torres Rotondo

Comencé a reconstruir este puzzle sobre la contracultura clásica en el Perú cierto nublado lunes del otoño de 2001 cuando el Mix –mi dealer- me trajo, junto al habitual paco de moño rojo, un cassette recopilatorio con bandas rockeras peruanas de los 60 y 70. Quedé tan alucinado que inmediatamente quise contar la historia y, como casi no existe bibliografía, empecé a coleccionar material sonoro, a buscar en hemerotecas las páginas amarillentas de espectáculos de los periódicos antiguos, a frecuentar los ensayos y los jam sessions de gente de la época, a escarbar los recuerdos de mi padre –uno de los ignorados héroes de esta historia, considerado por muchos como el mejor bajista de la escena- y sobretodo a conversar con los músicos, a sacarles información con cucharita, a interrogarlos como si fuera un detective privado trabajando en un caso donde todos eran culpables e inocentes en la misma medida. En un principio me acompañó en mis visitas el poeta José Carlos Yrigoyen, que luego desertó de la investigación para dedicarse en exclusiva a sus fecundos proyectos literarios y amorosos, que quizás sean lo mismo. Un año después vine a vivir a España y conocí a Paul Hurtado de Mendoza, productor responsable de todas las reediciones de bandas rockeras peruanas de los 60 y 70 en la península. Nuestras largas conversaciones me enseñaron a escuchar música y nuestras labores en arqueología discográfica disiparon gran parte de mis dudas e hicieron surgir nuevas preguntas. Cuando las papas quemaron en Madrid, debido a sucesos que nada tienen que ver con esta historia, acepté la invitación de mi amigo el periodista Ricardo Iván Paredes y me fui vivir una temporada en su piso de Barcelona. Ricardo Iván había sido en los 80 baterista del grupo Sociedad de Mierda, que tuvo un efímero hit subterráneo con la canción "Púdrete Pituco". Además había sido encargado de prensa de El Polen y me dio el teléfono de Juan Luis Pereyra, líder, arreglista, compositor y primera guitarra de la banda. Cierta noche de lluvia en Catalunya lo llamé por teléfono con la idea de concertar una entrevista. Nuestra primera conversación duró más de tres horas. Juan Luis se sometió gentilmente a mi interrogatorio y con la mejor de las químicas me contó este relato verdadero repleto de drogas enteogénicas, comunas hippies, cárceles mentales y materiales, leyendas urbanas aclaradas, espiritualidad, la mejor música de fusión y viajes por el mundo que resumen gran parte de los alcances culturales a los que llegó su generación.
Los hermanos Raúl y Juan Luis Pereyra fueron miembros fundadores de Los Shain's apenas llegaron a la pubertad. Existen fotos en las que aparecen, hechos todavía unos bebes, tocando guitarras eléctricas más grandes que ellos en el programa "Lo mejor de la semana", del antiguo y desaparecido canal 9. Antes de grabar el primer LP los hermanos Pereyra salieron de la banda y fundaron Los Drag's, junto a Julio Chávez Cabello, Jean Pierre Magnet y otros músicos. En ese entonces hacían un rock garagero sin pizca de fusión, exceptuando un tema que cierta vez tocaron en vivo y jamás grabaron. El grupo se separó a fines de 1966. Durante los tres años siguientes los hermanos terminaron el colegio. Raúl ingresó a la universidad y formó el grupo Los Sunset's, en el que también colaboró Jean Pierre Magnet. Juan Luis postuló sin éxito a la carrera de arquitectura en la universidad Ricardo Palma y estuvo alejado de la música hasta 1969. Regresaría convertido en uno de los músicos más finos y creativos de su generación.



En el verano de 1969 Juan Luis empezó a frecuentar un pequeño parque de tres metros cuadrados en la bajada Balta, frente al club de tenis "Las Terrazas", a pocos metros del Océano Pacífico. Iba a fumar tronchos y a tocar la guitarra, en busca de paz. Privadamente, bautizó al parque con el nombre de El Polen. En aquel entonces escuchaba grupos de rock caletas –para los melómanos de la época- como The Incredible String Band, It´s a Beautiful Day y T-Rex, pero también música criolla y son cubano. Una mañana soleada salió de su casa rumbo a su refugio. Esta vez no sólo cargaba su guitarra y los tronchos. En su bolsa incaica también llevaba un ácido lisérgico de la mejor calidad.
Al llegar a la bajada Balta compró donde el chino una botella de jugo de naranja donde disolvió el ácido. Llegó a su parque y arrullado por el oleaje del mar y su guitarra –que parecía tocar sola- comenzó su primera revelación. Se dio cuenta de que todos los sonidos fluían y eran uno. Sus tres años de silencio musical iban desapareciendo. El entorno se fundió con él y lo inundó con una extraña lucidez caleidoscópica… Luego de algunas horas de viaje inició el regreso y se encerró en su casa para componer. No saldría hasta algunas semanas más tarde. Como un torrente, la música había regresado.
El sonido que surgió era muy distinto al rock que practicaba años antes con Los Shain's y con Los Drag's. Tenía mucha más influencia hippie y bebía de ritmos autóctonos, creando uno de los más serios proyectos de fusión en el continente; casi podríamos estar hablando del principio del rock latino que por diversas vías estalló comercialmente en los 90. Sin embargo, Los temas no tenían estructura de canción, como sucede con el Krautrock alemán –que no sé si Juan Luis ha escuchado-. Bandas germanas de Krautrock como Faust, Ash Ra Tempel, Neu o Amon Düül II eran a la vez folk, psicodelia, free rock, y tenían influencias de compositores de vanguardia como Schonberg, Xenakis, Varese, Cage y, sobre todo, Karlheinz Stockhausen. Juan Luis escuchaba los violines como guitarras con fuzztone. Y logró plasmar ese sonido soñado. Por ese entonces, en búsqueda de la autenticidad y de sus raíces (una de las grandes obsesiones de su generación) empezó a escuchar folklore andino. Al poco tiempo su hermano Raúl y otros amigos se unieron a los ensayos en su casa de Miraflores. Recordando el parque donde tuvo su primera revelación musical, Juan Luis bautizó el grupo con el nombre "El Polen". Inicialmente, además de los hermanos Pereyra en las guitarras y voces principales, la banda estuvo conformada por Fernando Silva y Ernesto Pinto. Luego se incorporó Beto Martínez y algo después Alex Abad (ex New Juggler Sound y Laghonia) en el bajo y la mandolina. Durante algún tiempo éste último fue reemplazado por Carlos "El Oso" Torres, es decir, mi viejo.
Debutaron a principios de 1970 en el Pub Zanzíbar –quizás el primero de su estilo en Lima-, situado entre las calles Colón y 28 de julio, en el distrito de Miraflores. El público habitual eran básicamente hippies, intelectuales, artistas y extranjeros de paso por Lima. Pronto, El Polen se convirtió en la banda de la casa. Empezaron entonces a conocer a gente enrollada, comprometiéndose aún más en una opción de vida romántica, personal y fuera del sistema. En otras palabras, eran hippies de verdad, la primera tribu urbana nacida de la tradición contracultural que realmente llevó a varios individuos a romper con el sistema. Eran un fenómeno sociológico con un sustrato cultural fuertísimo, no sólo grupos de intelectuales díscolos como los románticos ingleses, los dadaístas, o los beatniks, o bandas de adolescentes descarriados sin un discurso mayor –lo suyo eran las actitudes- como los mods o los rockers.
En julio de 1970 no sólo Juan Luis Pereyra, sino la banda entera, con muy poco dinero en los bolsillos, hizo su primer viaje a Cuzco, a tiempo para llegar a las celebraciones del Inti Raymy. Meses atrás Dennis Hopper y su equipo de cineastas gringos habían depredado la comunidad de Chinchero. Se recuerda particularmente una borrachera nocturna del director en la que destruyó un ídolo tradicional. Los músicos de El Polen alquilaron habitaciones y se pusieron a vivir en comunidad. Viajaron por zonas milenarias con ruinas incas fundidas en el paisaje como Machu Picchu, el Urubamba, Písac, y el Valle Sagrado. La ciudad de Cuzco tenía un buen ambiente, centro magnético que atraía hippies y viajeros de todo el mundo, era verdaderamente una zona alternativa para tanta gente que viajó por el mundo en aquella época, buscando la revelación, vagabundos del drama sumergidos en el camino. Compraron quenas e instrumentos tradicionales andinos y se presentaron en bares y auditorios. En total estuvieron tres meses y maduraron su repertorio.

De regreso a Lima alquilaron una casa en las afueras de la ciudad y se fueron a vivir en comunidad, lo que en realidad simplemente quiere decir vivir en piso compartido con buena onda y rodeado de gente que participa en un proyecto creativo común. Al poco tiempo, la banda se mudó a una casa bajo el Puente de Los Suspiros, en Barranco, que se convirtió en un centro de reunión de gente interesada en la música. La comunidad fue un laboratorio de experimentación sonora. Una de las personas que paraba por ahí era la cantante Susana Baca, que ya en los años 90 se convirtió en la cantante peruana más conocida internacionalmente, gracias al espaldarazo que le dio el ex Talking Head David Byrne al incluirla en su compilatorio The Soul of Black Peru, para su casa discográfica Luaka Bop.
A fines de 1970 la banda tuvo su primera actuación importante en la Universidad de Lima –apenas fundada poco tiempo atrás-, con un cartel que reunió a lo más graneado de la escena peruana. El Polen fue la sensación. Nadie había llevado antes tan lejos el concepto de rock y fusión andina. Uno de los espectadores se convirtió en un fanático suyo. Peter Koechlin no era sólo un oyente más, era un empresario que estaba a punto de traer a Santana al Perú. Ese mismo día les pidió que actuaran como teloneros en el concierto que la banda de San Francisco iba a dar en el estadio de la universidad de San Marcos. Inmediatamente aceptaron, pero la siguiente semana los esperaba un serio inconveniente.
La versión de Juan Luis es que una amiga colombiana les había enviado por correo como regalo un libro que camuflaba un alijo de marihuana. Alguien en la comunidad de Barranco aceptó el obsequio e inmediatamente les cayó encima la policía. En realidad, yo imagino, en la Lima provinciana y bajo una dictadura de 1970, a la tombería yendo a registrar una casa en Barranco donde vivía un grupo de melenudos y barbones jesucristos que se vestían como sucios incas en blue jean en vez del habitual terno o simple pantalón de tela y camisa o guayabera –es decir, la vestimenta de la gente normal aquellos días-, dadas las continuas quejas de los vecinos debido a la música a alto volumen y a las fiestas de amanecida que perturbaban la tranquilidad del barrio. Y veo a la policía encontrándolos a todos con los ojos rojos y un comportamiento errático aunque conciliador y pacifista. Al fin y al cabo, eran la única comunidad hippie de Lima, o los únicos que decían a voz en cuello que lo eran y que hicieron algo, lo cual es más que suficiente. Poco antes del concierto de Santana el grupo entero estaba en la cárcel. Ante su insistencia y preocupación de quemados, los tombos les prometieron que saldrían a tiempo para tocar, es decir to play, jugar. Peter Koechlin los fue a visitar a su celda y les preguntó si necesitaban que Carlos Santana les trajera algo para el concierto. Pidieron dos guitarras eléctricas.
Salieron de la cárcel dos semanas antes del recital e inmediatamente se encerraron entre cuatro paredes en su casa comunitaria de Barranco para ensayar desde que se levantaban hasta que se dormían. No vieron a Santana y su banda cuando llegaron al Perú y la noticia de su expulsión les llegó cuando ya estaba consumada. Peter Koechlin, deprimido, les dijo que se quedaran con las guitarras Martin y Gibson que Carlos Santana les había traído como regalo. Los hermanos Pereyra todavía las conservan.
Sin embargo, al poco tiempo surgió una oportunidad que no desperdiciaron. Nilo, el hermano mayor de Juan Luis y Raúl, trabajaba habitualmente en rodajes de cine. El director argentino Bernardo Batievski estaba filmando la película "El Cholo", inspirada en la vida del futbolista Hugo Sotil y protagonizada por él mismo.
De los deportistas que han nacido en el Perú, quizás Hugo Sotil haya sido uno de los más geniales, hedonistas, generosos y autodestructivos. Para la final de la Copa América contra Colombia Sotil apareció gordo, luego de algunos años deslumbrando en el Barça y emborrachándose en España. Antes del entrenamiento regaló relojes de oro a todos los jugadores. Y en el partido marcó el único gol contra el rival. Su juego intuitivo podría ser contrastado con el racionalismo de otro crack de la época: "El Nene" Teófilo Cubillas.
En el filme del 72 Sotil actúa –pésimamente, por cierto, como el resto de la película, con la obvia excepción de la música- haciendo el papel de él mismo. Supuestamente es un cholo sensible y empeñoso, pintor y futbolista. Los cuadros que aparecen en la película, sin embargo, son obra de Mílner Cajahuaringa. Hugo Sotil aparece jugando en el Municipal, viajando a Europa (pretexto para insertar algunas imágenes turísticas) y teniendo un romance en el viejo continente. Bernardo Batievski, el director de la película, le dijo a Nilo Pereyra que no tenía banda sonora para el filme, y le pidió que le recomendara algún grupo. Obviamente, Nilo le mencionó a El Polen. La banda entera hizo una audición frente a Bernardo Batievski, que inmediatamente les hizo un contrato. No les pidió ningún tema nuevo, sólo una versión del tema tradicional "Cholito pantalón blanco". El resto de la banda sonora de la película está constituido por el repertorio habitual del grupo hasta ese momento.
Durante una semana la banda se encerró en los estudios de la casa discográfica El Virrey, ubicada en Paseo de la República, bajo las órdenes del ingeniero Gerd Nickau, que con ese mismo material ganó un premio en Alemania a la mejor grabación en cuatro canales.
El Polen no dio ninguna actuación especial promocionando la película, pero posó para una sesión fotográfica junto al Cholo Sotil. Las fotos fueron publicadas en los periódicos. Todos aparecen frente a la casa comunitaria bajo el Puente de los Suspiros. El disco fue un éxito, y la canción Valicha se convirtió en número uno en las radios. En el caso particular de Radio Miraflores, por ejemplo, llegó a superar una canción de The Doobie Brothers en el hit de la semana.
Se produjo entonces un cambio importante en la banda. Entró Freddy "Puro" Fuentes a la batería. Exceptuando el primer LP, donde Alex Abad y otros músicos hicieron arreglos maravillosos con la percusión, el Polen solía usar en algunas de sus presentaciones a percusionistas amateurs, normalmente lanzados de la comuna que se mandaban a tocar en vivo, y que como eran muchos, disimulaban su madera de principiantes haciendo bastante ruido. Mi viejo me contó que cuando hizo unos reemplazos en la banda, se quejó ante Juan Luis porque los 10 congueros (por decir un número) tocaban en tiempos distintos, confundiéndolo, y él debía seguirlos a ellos y no a la guitarra, dado que el bajo es parte de la base rítmica. Quitándose el pelo de la cara, y mirándolo fijamente con sus pupilas dilatas, el chato Juan Luis le dijo, Oso, lo siento, pero son miembros de la comunidad, no los puedo chotear. Por aquellos días la comunidad entera se mudó a una casona en la calle San Martín, en Barranco.
Con esta formación fueron invitados al Festival de la Canción de Agua Dulce, organizado por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Participaban además Alfredo Zitarroza, Los Compadres, Raúl Vázquez y otros músicos internacionales consagrados. El Polen concursaba en la categoría de canción y eran los favoritos. Sin embargo, días antes les habían advertido que cambiarán la letra de su tema en competencia, porque era muy crítico al gobierno. No lo hicieron. Fueron ovacionados pero perdieron. Al día siguiente el diario Expreso los declaró vencedores morales.
Miguel Lorente, un hippie chileno que vivía en la comunidad era amigo del grupo Los Jaivas (antes llamados High Bass, debido a la diversa estatura de sus miembros). Los contactó y les llevó a los músicos chilenos el disco "El Cholo". En América Latina sólo tres bandas: los argentinos Arco Iris, -con Gustavo Santaolalla, el más importante productor de rock latino en los años 90-, Los Jaivas y El Polen hacían una fusión tan avanzada. Es más, podría decirse que "El Volantín" de los Jaivas y "El Cholo" son los primeros discos de acid folk de América Latina. Eran bandas hermanas y al ver Los Jaivas que El Polen tenía su mismo concepto, los invitaron a tocar a su país.
Chile vivía entonces una explosión contracultural. El gobierno de Salvador Allende había esperanzado a varios sectores sociales y la vida en comunidad –los más precarios vivían en campamentos- era algo muy difundido a lo largo del país. En verano de 1972 todos los músicos de El Polen tomaron un autobús hasta Tacna, pasaron la frontera (un kilómetro de desierto llamado "La línea de la concordia") y en Arica tomaron un avión hasta Santiago de Chile, pagado por Los Jaivas, que vivían en la capital haciendo vida en comunidad. Sus colegas músicos los hospedaron en sus casas. Los de El Polen conocieron también a miembros del grupo Los Blops, banda chilena que merecería una novela entera debido no sólo a su música sino a su estilo de vida, muy similar a la que en estos momentos narro, callando varios aspectos que posteriormente contaré en otros proyectos literarios.
El Polen tocó en la universidad Católica de Chile, en el coliseo Caupolicán, en el teatro Providencia y en la peña de la familia Parra. Su concierto más grande fue en la Quinta Vergara en Viña del Mar, junto a Los Jaivas. Se movilizaron para el concierto hippies de todos lados de Chile y el auditorio se llenó del denso humo de la marihuana, buenas vibraciones y el mejor sonido de fusión, al contrario que en lamentables épocas posteriores, llenas de música seudo latina y seudo todo producida en México por Televisa o por los Estefan en Miami. Existe un video del festival.
Al finalizar el verano –Juan Luis siempre me situaba cronológicamente a partir de la estación estival-, El Polen regresó al Perú. Observando el desierto de Atacama desde la ventanilla del autobús recordaban los meses pasados en olor a multitudes y se preparaban para grabar un nuevo repertorio. La cabeza del chato Juan Luis Pereyra hervía con alucinantes ideas musicales mientras contemplaba la infinitud de las arenas y el litoral desértico interrumpido por valles una y otra vez…
Tenían contrato con la casa discográfica El Virrey y se encerraron durante una semana en sus estudios, situados en el Paseo de la República, la primera autopista que comunicaba la gran jungla de asfalto en la que se estaba convirtiendo Lima. El resultado fue su segundo LP, llamado "Fuera de la ciudad", que salió a la venta tiempo después y contiene sus éxitos "Hijos del sol" y "La cueva". Para mí, es su obra maestra, los más delicados arreglos hacen que los temas se vuelvan esa otra cosa en la que uno se transfigura cuando está en el otro lado. Los Jaivas hacían canciones, El Polen hacía sonido.
A mediados de 1973 Susana Baca fue invitada al festival de Berlín, y les pasó la voz para que la acompañaran. Junto a la cantante y al grupo de teatro La Tarumba se embarcaron, cruzaron el Canal de Panamá y llegaron hasta Cuba, donde tomaron un avión hacia Berlín.
En la capital alemana dieron un par de conciertos pequeños. Para permanecer en Europa necesitaban la invitación de algún amigo. Le pidieron al húngaro-peruano Peter Kun que les hiciera la carta. Gracias a él, cuando Susana Baca y La Tarumba iban a tomar el avión de regreso, pudieron quedarse, aunque inmediatamente debieron viajar a Hungría. Ahí dieron varios conciertos, incluido uno en un barco para turistas en pleno río Danubio. Luego de su breve estancia húngara viajaron a Austria, donde asistieron a un concierto de los Rolling Stones, durante la gira del Goats Head Soup, el 1 o el 23 de septiembre de 1973, si consultamos el libro Rolling with the Stones, de Bill Wyman, bajista de la banda y documento con la memorabilia más completa y detallada del grupo.
En París fueron alojados por el pintor Pablo Quintanilla, que les hizo un sitio en su taller. Dieron recitales en municipalidades y en diversos locales. Conocieron poco a la bohemia peruano-parisina de la época –Alfredo Bryce Echenique, los hermanos Rosas, Julio Ramón Ribeyro, Manuel Gutiérrez-Sousa, Armando Rojas, Elqui Burgos, Manuel Scorza y otros que entraron y salieron a lo largo de los años- porque, como suele suceder con la peruchada, no había una red común donde todos se cayeran bien. Obviamente, ellos estaban de lado del cholo Quintanilla en las pequeñas rencillas. Sin embargo, cenaron una vez con Georgette, la viuda del poeta César Vallejo. También tuvieron una presentación en Dinamarca durante la inauguración de una muestra individual de Pablo Quintanilla.
Luego de pasar cuatro meses viviendo en París, regresaron a Perú en el verano de 1974. Siguieron tocando durante una temporada, pero el ambiente había cambiado mucho. La mayoría de los músicos de su generación habían quemado, viajado, cambiado de estilo o se estaban dedicando a otros trabajos. El Polen era prácticamente uno de los pocos sobrevivientes y sus integrantes sufrieron una mezcla de desidia y vanidad, como sucedió en general con los músicos de rock aquel año, cuando la contracultura clásica dio su último suspiro y expiró definitivamente. A mediados de 1975 Juan Luis Pereyra decidió abandonar la banda, que se separó casi inmediatamente. Juan Luis se fue a hacer vida comunitaria a Santa Eulalia. Años después regresó a Europa a recorrer el viejo continente en una casa rodante junto a su familia. Por su parte, Beto viajó a Chile y a Brasil, y Raúl Pereyra se atrincheró en el grupo Sudamérica.
Pero, como siempre, no todo había terminado. En 1996 el grupo se reunió y al poco tiempo grabó un tercer disco, muy bueno por cierto, pero con un sonido distinto al de sus dos primeros LPs. Aunque la banda no se ha separado oficialmente en el momento de escribir estas líneas se encuentra invernando. Como todos los grupos de esta historia escondida, El Polen tuvo mala suerte. Sin embargo, lograron grabar, con lo que su magia puede volver a estar presente para los melómanos actuales. En cuanto al chato Juan Luis Pereyra, sé que esta noche traza el mapa definitivo de las estrellas desde cualquier lugar del universo, empezando por Miraflores, pasando por Santa Eulalia y avistando tierra en cualquier lugar de la galaxia, siempre haciendo buena música. Un abrazo fraterno y entrañable, con mucho afecto, maestro.

(Este artículo apareció en el blog "Zona de noticias")

1 comentario:

Ismael Flores Unzaga dijo...

Grande Heduardo. Gracias por escribir estas líneas y así conservar la Historia musical de "El Polen".