domingo, 27 de octubre de 2013

Retorno de Black Sugar (conversa con Carlos “Pacho” Mejía)



Con talento y personalidad peruana, Black Sugar mezcló la música negra estadounidense con el sabor de los ritmos latinos. Admirados en buena parte del mundo por su calidad, sus músicos ensayan en estos días un bienvenido retorno.

En pleno gobierno militar se les ocurrió hacer una versión en clave jazz rock latino del Himno Nacional. Los músicos integrantes del grupo Black Sugar subieron esa noche de 1975 al escenario de la recordada Feria Internacional del Pacífico algo temerosos dadas las circunstancias. Pero nada malo pasó, sino todo lo contrario.

"Pensábamos que los militares y la gente se iban a amargar, pero al final todos se pusieron a cantar", recuerda Carlos "Pacho" Mejía, vocalista principal de una agrupación que con el paso de los años, y pese a su disolución, fue ganando prestigio dada la calidad de sus grabaciones, al punto de ser actualmente considerada pionera latinoamericana del funk y de la fusión de rock y elementos latinos.

Hoy, Black Sugar ha vuelto a los escenarios. El sábado participaron de un concierto en un local miraflorino, en el cual la privilegiada garganta de Mejía fue acompañada por varios de los grupos con los que a lo largo de los años ha cantado. Pero sus planes van más allá de ello, nos dice.

"Nuestra idea es hacer cosas nuevas, tratando de que el grupo suene contemporáneo", señala el vocalista, quien afirma estar componiendo material inédito con el tecladista Miguel "Chino" Figueroa. Este, junto al guitarrista Víctor "Coco" Salazar, y el baterista José "Arrocito" Cruz, fueron parte de la primera época de una agrupación que durante cerca de una década gozó de popularidad y prestigio a partes iguales en la escena peruana.

"Cuando sacamos nuestro primer disco, muchísimas personas pensaron que se trataba de músicos portorriqueños o panameños por el swing que teníamos", recuerda Mejía.

La confusión permanece hasta ahora y puede leerse en los comentarios a los videos que sus admiradores han hecho utilizando canciones suyas para colocarlas en el portal Youtube. Felizmente son y siguen siendo peruanos.

Quien escuche cantar a Mejía en los discos de Black Sugar notará en él la expresividad de esos cantantes negros estadounidenses que, partiendo del rhythm & blues, buscaron un perfil propio en estilos afines a este género y cercanos al rock. De hecho, cualquiera pensaría encontrar a un afroperuano empuñando el micrófono, pero eso no es así.

Fue justamente su interés por el repertorio de grupo de rhythm & blues de los años 60 el que hizo destacar a Mejía, cuando aún estaba en Dr. Wheat, banda formada en el barrio de Jesús María, y en la que entre otros estaba Eduardo "Mono" Chaparro, quien luego fundaría Sargento Pimienta, uno de los reductos más longevos del rock peruano.

"Era 1968 y hacíamos música de Otis Redding y The Temptations", refiere "Pacho". Su interpretación de uno de los éxitos de la segunda banda mencionada ("Get Ready") llamó la atención de "Coco" Salazar, quien le pidió integrarse a Los Far Fen, grupo que vinculaba rock con percusión latina e instrumentos de viento.

Poco tiempo después, con el cambio de varios de sus integrantes, y con la firma de un contrato con la disquera Sono Radio, la banda cambió de nombre,aceptando una idea del destacado músico Jaime Delgado Aparicio (director artístico del referido sello), quien terminaría produciendo sus grabaciones.

"En ese tiempo solo se conocía la azúcar rubia, así que él planteó referirnos a otra de color negro", dice Mejía. "Incluso hubo una campaña publicitaria previa a la salida del disco en la que se decía 'Ya viene la azúcar negra'", dice.

El interés que le brindaba Delgado Aparicio a Black Sugar supuso grandes privilegios. "Teníamos reservado el estudio de grabación durante toda la noche", recuerda "Pacho". "Empezábamos a las 8 de la noche y terminábamos a las 4 de la mañana."

Esto permitió que el grupo desplegara todo su talento componiendo y haciendo arreglos. "Tanto 'Coco' como 'Chino' no pasaban de los 25 años y eran músicos 'de oído', pero tenían una gran capacidad creativa", dice Mejía. 

Si bien el toque final lo daba el productor, es innegable la habilidad desplegada por estos artistas en las siete composiciones propias que forman parte de su primera producción, titulada con el nombre de la banda y presentada en 1970.

Temas como "Too late" y "Viajecito" –con los que el disco comienza– mezclan con sorprendente naturalidad guitarras roqueras, vientos cercanos al jazz y acordes de piano de índole tropical. Esto último es lo que distingue a Black Sugar de bandas anglosajonas contemporáneas suyas, como Blood, Sweat & Tears o Tower of Power, porlas que estaban influenciadas en lo que respecta a arreglos de viento y estilo vocal.

"En esa época entraba con mucha fuerza aquí lo que luego se conoció como 'salsa dura'", explica Mejía, que también enlista a los neoyorquinos Eddie Palmieri, Joe Cuba y Ray Barreto como fuentes de inspiración para la música de su grupo. 

Cuando esta fue tomando mayor fuerza, "Pacho" –por encima de todo, un amante del rock–, tuvo una conversación con Salazar (arreglista principal de la banda) respecto a lo que sentía como la "salsificación" de Black Sugar. 

"Concluimos que en ese momento los salseros hacían cosas más elaboradas y finas; con arreglos buenos y complicados. Ya no solo era cantar '¡qué viva Changó!'...".

El disco –que también incluye temas netamente funk de Roberto Valdez y la batería de "Arrocito"– alcanzó un gran éxito, que se manifestó en innumerables presentaciones, pactadas para cada fin de semana. Incluso empezaron a llegar ofertas del exterior, truncadas absurdamente.

"Cuando querían contratarnos desde Estados Unidos la disquera pedía montos excesivos y por eso nunca se concretó nada", dice Mejía. "Eso se debía al contrato que firmamos con ellos. Nos manejaban y aparentemente querían recuperar en un solo mes la inversión que hicieron en nosotros..."

Pasaron cuatro años hasta que Black Sugar volvió a editar nuevo material. El retraso en la elaboración de II derivó de la espera de que concluyan las mejoras en el estudio de grabación de Sono Radio, ya de por sí uno de los mejores del país.

"Vinieron técnicos de Estados Unidos para instalar una consola de 36 canales y un equipo de grabación cuadrafónico. Lamentablemente nos usaron de conejillos de indias porque fuimos los primeros en grabar allí. Eso hizo que no se le pudiese sacar el máximo provecho al nuevo equipo".

Mientras, el grupo había crecido, con la inclusión del trombonista Luis Calixto y el saxofonista Pedro Gosicha, que se aunaron a la trompeta de Antonio Ginocchio y al saxo de Jorge Chávez. De allí que haya más arreglos de viento. En "Wake Up", por ejemplo, se acercan al sonido de los norteamericanos Chicago, y en "The Dawn of my Madness" van por la ruta de Tower of Power. Figueroa, además, experimenta con el sintetizador Moog en "Kathy". 

La salsa, finalmente, se hacía presente de manera integral con "Fuego", cuyo coro está inspirado en un tema de Ray Barreto. "Pero a pesar de que podría haber más creatividad porque hay también más instrumentos, la calidad del sonido no fue tan buena como la del primer disco", acota "Pacho". Pese a ello, la banda continuó su imparable racha de presentaciones en diversos puntos del país, con singular éxito. 

De esa época es la anécdota derivada de una fiesta posterior a una presentación en Trujillo, junto a Perú Negro, que generó las quejas de los huéspedes del hotel y la posterior expulsión –a las cuatro de la mañana– de los músicos y de los miembros de la referida compañía de baile (para quienes ya antes, en el primer disco, habían hecho una versión con sabor afroperuano del tema "Pussycat", original de Blood, Sweat and Tears, con notoria participación de los percusionistas Coco Lagos y Miguel Salazar). 

Un concierto conjunto en el coliseo Amauta con los españoles Barrabás marcaría otro punto alto  en la carrera del grupo en dicha etapa. Sin embargo, la vida tenía que continuar y para 1976, "Pacho" Mejía decidió irse. 

"Es que en las fiestas y conciertos pedían mucha música como la que los Bee Gees empezaron a hacer entonces y eso no iba conmigo". A ello se aunó haber culminado sus estudios de publicidad. "Entré a una agencia publicitaria y me alejé de la música."
Black Sugar volvió a reunirse en 1985, de manera efímera, y luego en 2011, en lo que aún está tomando la forma de un retorno que se consolidará como definitivo cuando sus primeros frutos empiecen a aparecer.

1 comentario:

Andrea Garcia dijo...

yeah estos chicos de rockwell road son muy buenos en verdad tienen que escucharlos se los recomiendo les comparto una rola https://www.youtube.com/watch?v=7bsrnc7jf1Y